Entrevista a José Iglesias García-Arenal/Plataforma MAL.

Fundación Ortega MuñozAyN

José Iglesias García-Arenal: “Las líneas entre campo y ciudad son muy confusas, lo que necesitamos es entender mejor los lugares de encuentro y tránsito”.

José Iglesias García-Arena. Foto de Leira.

Estuve visitando Rayito Festival, dedicado al mundo del cómic, la obra gráfica y los fanzines, en el Hospital Centro Vivo de Badajoz. Toda una mañana entre más de treinta expositores participantes. En El Chorrillo ojeé “Los caños”, del artista Francesc Ruiz (Barcelona, 1971), y conversé con Jose Iglesias García-Arenal, que dirige la plataforma curatorial MAL, él fue quien me advirtió: “Es un cómic, pero «Los caños» como propuesta va más allá, podría definirse como «narrativa expandida». Partimos de las fuentes, que son lugares donde no solo brota agua, sino que también funcionan como espacios de encuentro y conversación, donde emergen historias”.


Y sí, esta obra se expande por un territorio bastante extenso del sur de la provincia de Badajoz conectando puntos distantes, porque “uno de los problemas -me sigue comentando Jose Iglesias- sobre los que hemos trabajado es la desarticulación de espacios rurales, a través de carteles, insertos en revistas locales, una gran intervención gráfica en una gasolinera abandonada, cómics que se distribuyen en distintos puntos… Y finalmente una imprenta/fuente nómada, El Chorrillo, ubicada por ahora en el pueblo de Llera, que está funcionando como espacio de encuentro y de producción de materiales gráficos que fomenten miradas alternativas del territorio, eso sí, más sanas, optimistas e imaginativas que las viejas narrativas basadas en el extractivismo, el saqueo y la idea de que hay que buscar el progreso en las grandes urbes, fuera de aquí”. De todo esto y más cosas seguí hablando con Jose Iglesias García-Arenal.


En primer lugar, ¿en qué consiste Plataforma MAL?
Es la asociación cultural desde la que trabajo. Es una herramienta para pensar la práctica artística y cultural desde lo colectivo, no basada en figuras únicas sino reconociendo la red de apoyo que siempre sostiene los proyectos culturales. La asociación tiene como objetivo general desarrollar procesos de creación e investigación a través como digo de la práctica artística. Realizamos muy diferentes actividades, desde el proyecto “Non plus ultra” en colaboración con Concomitentes, hasta exposiciones, grupos de estudio o una serie de procesos colectivos en torno a los retos de la transición energética.

Foto Félix Méndez. Cómic LOS CAÑOS, Francesc Ruiz.

Has mencionado Concomitentes… Sí, me parece muy eficaz en sus planteamientos… Es una asociación sin ánimo de lucro dedicada a impulsar encargos artísticos que surjan de la sociedad civil. Es parte de la organización internacional Les Nouveaux Commanditaires, que sigue el protocolo que el artista François Hers diseñó en 1990 para desarrollar procesos artísticos a partir de deseos, problemas o urgencias ciudadanas.

¿Cómo se pone en práctica? La metodología es muy sencilla para adaptarse a contextos muy diferentes: un mediador acompaña a un grupo ciudadano durante un tiempo para trabajar colectivamente sobre un problema común al que, en una segunda fase, un artista da respuesta mediante un proyecto artístico. De este modo se invierte la estructura tradicional que ha hecho que sean los ricos, la Iglesia o el Estado, los que encarguen obras de arte, facilitando que la práctica artística llegue a diferentes contextos y comunidades. Desde 1990 se han desarrollado más de 500 proyectos artísticos por gran parte de Europa, impulsando al mismo tiempo procesos ciudadanos deliberativos y democráticos que fortalecen la esfera pública.

Háblame de Concomitentes en el contexto extremeño. En España, Concomitentes comenzó a trabajar en 2018 y yo, a través de Plataforma MAL, me incorporé en 2023 tras ganar una convocatoria para desarrollar como mediador un proyecto artístico -o “concomitancia”- junto a un grupo de jóvenes del sur rural de la provincia de Badajoz. Como ya he indicado, el proyecto que hemos desarrollado se titula “Non plus ultra”, y el reto al que nos enfrentábamos era repensar los imaginarios vinculados a la sequía en este territorio, una sequía que no solo es climática, sino que actúa como metáfora de la falta de imaginación para pensar el contexto extremeño más allá de las lógicas del extractivismo, la “nostalgia imperial” y la despoblación.

Volvamos a la propuesta de Francesc Ruiz, me interesa el concepto de territorio desde lo experiencial, sobre todo esas capas de complicidades que se van tejiendo… Es uno de nuestros objetivos.“Los caños” es, en primer lugar, un cómic donde se concentra toda la investigación desarrollada desde “Non plus ultra”. Una propuesta que se alarga en el tiempo y donde el resto de intervenciones en el territorio van surgiendo, como si el cómic se hubiese desbordado, cubriendo paredes a través de carteles, multiplicándose en revistas, generando merchandising que se distribuye por la zona o creciendo y ocupando una gasolinera abandonada. Y por supuesto, está también El Chorrillo, la imprenta/fuente de la que ha brotado el cómic y que funciona como espacio de encuentro. Para la presentación de “Los caños” realizamos un recorrido a finales de año en autobús por estos lugares intervenidos y se seguirá activando en próximos recorridos y talleres. El proyecto continúa hasta esta primavera, así que quedan muchas oportunidades para seguir conociendo las historias que han brotado de El Chorrillo.

Foto Félix Méndez. LOS CAÑOS.

De un tiempo a esta parte son muchas las iniciativas en torno al arte y lo rural, ¿a qué crees que obedece? Creo que parte de esta emergencia viene de la crisis en la que ha entrado la idea de progreso, que obliga a replantear los modelos de desarrollo vinculados a la centralidad. Al mismo tiempo, la evidencia de la crisis climática ha puesto en el centro la reflexión sobre nuestro lugar en el mundo y necesitamos herramientas sensibles (no solo racionales y tecnológicas) para entender el complejo mundo que habitamos. Encuentro lógico que los artistas miren cada vez más hacia lo rural o, más correctamente, hacia contextos “no urbanos”, pues la misma noción de rural (que responde a una mirada binaria muy limitada que simplemente contrapone “ciudad” y “campo”) está en cuestión. En este sentido, el proyecto “Los caños” ha generado una cartografía de este territorio “rural” que habitamos enfocándose en todos los espacios de distribución logística del territorio, mostrando que las líneas entre campo y ciudad son muy confusas y que lo que necesitamos es entender mejor los lugares de encuentro y tránsito.

Por otro lado, ¿crees en el papel del arte, en términos de eficacia, sobre aspectos de lo rural candentes como la despoblación? Creo que la práctica artística tiene mucho que aportar a problemáticas como la despoblación o la crisis climática, pero no está en su mano “arreglar” estas cuestiones o dar por cerrado los problemas. Su eficacia está en la capacidad para disrumpir el modo de percibir un lugar, una pregunta, algo dado por hecho, ofrecer otras perspectivas, quizá más complejas o contradictorias. El trabajo que desarrollo desde Plataforma MAL se sitúa aquí: generamos vínculos entre artistas y comunidades de estos contextos no urbanos, pues a través de la práctica artística podemos aprender a mirar de otra forma, abriendo espacio para preguntas inesperadas que abran el horizonte de la imaginación.

Es interesante tu reflexión en torno a lo “rural” unida a la idea sobre “urbanidades difusas”, ¿a qué te refieres? La verdad es que siento un poco de incomodidad con el término “rural”, cuanto más lo escucho menos útil me resulta para hablar de un lugar concreto o problemas específicos, sobre todo viviendo en el sur de Badajoz, donde mi cotidianidad está muy alejada de los imaginarios tradicionales de “lo rural”. Dentro de “lo rural” se incluyen lugares muy diferentes, modos de vida muy distintos y espacios que van desde una pequeña aldea basada en el autoconsumo en la montaña leonesa a un pueblo de 8.000 habitantes sostenido por una agricultura industrializada y el sector terciario en la campiña pacense. Mi práctica se apoya sobre todo en jugar con el lenguaje, en repensar cómo nombramos y transformamos los significados, de ahí surge utilizar el término “urbanidades difusas”. Es una forma de salir de la mirada binaria urbano/rural y poner el énfasis en las dinámicas de control y poder, lo urbano aparece como una forma de vida que puede ser más o menos densa según dónde estemos o cómo habitemos ese lugar. Por eso identifico este territorio, donde Plataforma MAL opera como “urbanidades difusas del suroeste europeo”; nombrarlo así trata de mirarlo con atención, observarlo fuera de los clichés vinculados a “lo rural”.

Foto Félix Méndez. LOS CAÑOS.

Otro concepto que utilizas es el de “sequía” y todas sus derivas… Desde 2020 he trabajado en torno a la noción de “desertificación cultural”, un término que empecé a utilizar para entender cómo la problemática ecológica está vinculada a políticas extractivistas y a la extensión de un “monocultivo cultural”. Cuando miramos a la situación de los recursos hídricos en Badajoz vemos que efectivamente hay un problema de sequía, pero que se debe principalmente a una aceleración e industrialización del suelo que impulsa negocios cortoplacistas que van a ser rentables un par de años a través del agotamiento de acuíferos y la asfixia a modelos más sostenibles y regenerativos. Sucede de modo muy similar en el ámbito cultural: se homogeneizan impositivamente las relaciones y el uso del espacio público, presentándose la cultura como un objeto de consumo pasivo, no como un campo de relaciones y conflictos que habitar. Esto produce una “desertificación cultural”, una pérdida de diversidad cultural paralela a la pérdida de biodiversidad. Es el reto al que nos enfrentamos desde Plataforma MAL.



Me preocupa, en este contexto de territorio del que hablamos, la precariedad del medio artístico. Se hace necesaria una profesionalización, un criterio en los programas expositivos de los centros y espacios culturales. Aunque ha habido notables mejoras, faltan espacios y condiciones para profesionalizar la práctica artística, especialmente en contextos rurales y notablemente en Extremadura, donde se nota la falta de compromiso de las administraciones, la falta de planes de desarrollo cultural y de diálogo con el sector. Es muy triste que los proyectos que desarrollamos se basen fundamentalmente en financiación privada y autogestión. Hay algunos apoyos desde las instituciones públicas, pero su gestión, salvo contadas excepciones, se basa en la violencia burocrática, en la precarización sistemática del sector. El primer paso para superar esta situación sería escuchar los reclamos de los profesionales, pero el segundo debería ser confiar en la distribución de recursos y en la descentralización de las políticas culturales, apoyar redes de colaboración y procesos de gestión colectiva, fuera de lógicas jerarquizadas y paternalistas.

Foto Félix Méndez. LOS CAÑOS.

Por último, haz una valoración de lo conseguido desde Plataforma MAL. Llevamos casi seis años en la provincia de Badajoz y en este tiempo se han podido ver algunas transformaciones pequeñas pero significativas: la primera es que se ha generado una comunidad que acompaña y se suma a los proyectos que realizamos, pero también hemos conseguido que algunos conceptos con los que empezamos a trabajar y que sonaban muy extraños, como “desertificación cultural” o “petromasculinidad”, se han vuelto parte de conversaciones cotidianas, ampliando la comprensión de problemas que nos atraviesan y ofreciendo herramientas conceptuales para ubicarnos en ellos.

Martín Carrasco.

Jose Iglesias García-Arenal trabaja a través de la práctica artística y curatorial en procesos de largo recorrido en torno a las políticas de la memoria y la transformación de los territorios que habitamos. Tiene formación en Bellas Artes por la Universidad de Sevilla (2015), máster en práctica curatorial por la Whitechapel Gallery/Metropolitan University de Londres  gracias a una beca de la Fundación Botín (2017) y máster en investigación artística por el Dutch Art Institute Roaming Academy (2020).

Ha mostrado su trabajo en muestras colectivas en instituciones como el C3A de Córdoba (2025), el TEA de Tenerife (2024), la Sala Atin Aya de Sevilla (2024), MAC Presó de Mataró (2023), CICUS de Sevilla (2022), MUSAC de León (2017) o CAAC de Sevilla (2016), y en exposiciones individuales como “Dilatados horizontes” (Sala Europa, Badajoz, 2023), “Sombra de monumento” (FASE, L’Hospitalet de Llobregat, 2021) o “Máquina Europa” (Iniciarte Córdoba, 2018). Desde 2019 dirige Plataforma MAL, asociación dedicada a procesos de investigación y creación artística desde