La infiltración de la cultura

Mateusz Herczka desplazando killifish para un acuario. Foto: MH (detalle).

Mateusz Herczka desplazando killifish para un acuario. Foto: MH (detalle).

Mateusz Herczka
Conversación con António Cerveira Pinto
Julio, 2009

Mateusz Herczka es un artista europeo de origen polaco, actualmente vive en Estocolmo, su obra tiene mucho que ver con años de aprendizaje en Estados Unidos y una ya larga experiencia creativa en Holanda, donde ha realizado la mayoría de sus trabajos. Esta breve entrevista  se ha mantenido con ocasión de la producción de la obra encargada por la Fundación Ortega Muñoz: «Laboratorio para investigar lo plausible del caso ocurrido en el sótano de Jim», o «Lab JBF».

ACP— ¿Cómo llegaste a un título tan largo?
Mateusz Herczka (MH)— ¡Bueno, creo que me inspiré en los títulos largos de los trabajos científicos! La idea que hay detrás de este proyecto es, por así decirlo, algo parecido a una investigación típicamente científica. Hay muchas historias sobre el comportamiento de una especie de peces genéricamente denominada “Killifish”, las cuales no han sido hasta ahora comprobadas experimentalmente. Es decir, se supone que estos pequeños peces viven en condiciones extremas —en pequeños charcos, que luego se secan—, obligando a las parejas de Killifish a cambiar de lugar, pululando de un charco a otro, hasta que mueren, dejando sus huevos a la espera de que vuelva la lluvia. Todavía nadie ha comprobado esta teoría, por lo que no se sabe si es verdadera o tan sólo un mito. Hay en el mundo miles de coleccionistas que cuidan de esta especie  que defienden la hipótesis de que los Killifish, para sobrevivir, saltan de charco en charco. El hecho de que muchas veces estos peces se escapen de los acuarios sin dejar rastro prueba, según ellos, que tienen que saltar para sobrevivir. El problema es que nadie lo ha visto hasta ahora…

ACP— Pero con tantos acuariofilistas en todo el mundo cuidando a cientos de miles de Killisfish, ¿cómo es posible que no haya pruebas?
MH— Bueno, el propósito de los acuariofilistas fans del Killifish no es probar las capacidades acrobáticas de estos diminutos peces, que dan por hecho, pero sí garantizar su supervivencia amenazada y estudiar su comportamiento específico. De hecho, su capacidad acrobática es una especie de mito. Como es también un mito, sobre todo en África, que se crea que llegan con las lluvias — es decir,  ¡¡que lluevan literalmente!!

ACP—  Me interesa saber cómo se produjo el descubrimiento de la capacidad de supervivencia de los Killisfish.
MH— Bueno, hay incluso una anécdota que pasa de correo en correo en la web sobre la capacidad extraordinaria de los Killifish para moverse en el suelo, saltando de un charco a otro. El escenario de esta historia es el sótano del fundador de la Asociación Canadiense de Killifish, el ahora famoso Jim. Él tiene un montón de acuarios en su sótano, con Killifish de las más variadas especies y familias. Un día le visitó un amigo suyo, y mientras miraba los acuarios y conversaba con él, se dio cuenta de que uno de ellos estaba vacío. Al preguntarle, extrañado, por ese acuario vacío, Jim respondió:
«¿Qué dice la etiqueta del acuario?», y el amigo contestó: «Rivulus punctatus»… , y Jim: «¡Pues qué lástima! ¡Otro más que se escapó!».

Al volver al sótano un poco más tarde el amigo se percató de que había un par de pececillos en el suelo, nadando en un pequeño charco de agua que procedía de una instalación de grandes dimensiones, de esas que alimentan los acuarios. «¿Qué te parecen?» — preguntó Jim. «Rivulus…» — le contestó el amigo. Y Jim, cruzando los dedos: «Pues déjalos ahí…».

Seis meses más tarde el amigo volvió a su sótano. Por curiosidad, dirigió la mirada hacia el suelo en dirección a la esquina donde había visto los Killifish en su última visita. Los dos Rivulus seguían todavía allí, en el charco de agua, pero habían doblado o triplicado su tamaño, hasta unos siete centímetros de largo. Sus cuerpos sobresalían casi la mitad fuera del agua. Y además, ¡estaban rodeados por una prole de unos cuarenta pececitos! El amigo comentó a Jim: «Hay una gran cantidad de peces abajo!». Y Jim: «Sí, ya lo sé. Les gusta más el suelo que mis acuarios».

La verdad es que estos movimientos, estos saltos, suceden con toda probabilidad, pero no hay testimonios empíricos de los mismos.

ACP— De ahí la idea de estudiar este mito en el contexto de una «investigación» artística.
MH— Exacto. Así que diseñé un sistema de acuarios preparados para facilitar los saltos de los Rivulus Punctatus y otras especies de Killifish. En la preparación de esta obra, en mi estudio, monté un dispositivo de captura de video para grabar los movimientos y los esperados saltos del Killifish. En una de las situaciones, dos acuarios contiguos transparentes permiten al pez ver el lugar para donde va; y en una segunda situación, oculté la visión del acuario contiguo, para de esta forma verificar si aún así el Rivulus saltaba o no. En los dos casos el Killifish obró según su instinto de supervivencia, saltando fuera de su acuario — la primera vez, hacía otro acuario que podía ver; la segunda, ¡hacia el vacío! Creo que ha sido la primera vez que se ha grabado la prueba visual de que los Killifish, y en particular la especie Rivulus, son capaces de saltar una altura hasta diez veces su longitud. Y lo hacen regularmente, buscándose la vida. De esta forma aseguran la permanencia evolutiva de la especie.

ACP— Pero, desde ese punto de vista, ¿qué grado de implicación, o responsabilidad, crees que puede corresponderle al activismo eco-filosófico de los amantes del Killifish en su supervivencia?
MH— En efecto, me interesaba considerar su implicación en esta obra: exponer la relación casi simbiótica generada a lo largo de las últimas décadas entre esta especie de peces aparentemente insignificantes y las personas. Debido a su predilección por alimentarse de los huevos y larvas de mosquito, han sido utilizados desde el principio del siglo XX para combatir la propagación de la malaria en algunas zonas del mundo. Los resultados han sido contradictorios, ya que la introducción de los Killifish en hábitats nuevos ha provocado la devastación en algunas especies de peces, pues el Killisfish, en particular la especie Rivulus Punctatus, es muy agresiva. En todo caso, esta experiencia de guerra biológica ha permitido al Killifish, hoy amenazado por la aridez extrema y los cambios climáticos en general, experimentar con éxito una nueva estrategia de supervivencia: ¡la infiltración cultural en la especie humana! La red planetaria de los fans del Killisfish es, por así decirlo, un seguro de vida inesperado de una de las muchas especies amenazadas por los cambios climáticos y por los daños que la humanidad viene causando a la gran mayoría de los ecosistemas terrestres.

[Volver a Conversaciones]

FOM-icone-fundo-50px

Mateusz Herczka

HOY

HOY

HOY | SABADO, 13 DE JUNIO DE 2009

LABORATORIO PARA INVESTIGAR LO PLAUSIBLE DEL CASO OCURRIDO EN EL SOTANO DE JIM

Mateusz Herczka

Comisario: Antonio Cerveira Pinto
Organiza: Fundación Ortega Muñoz
MEIAC. C/ Museo, s/n. Badajoz

Hasta el 30 de agosto.

La Fundación Ortega Muñoz inauguró anoche en el MEIAC una exposición del creador noreuropeo con una propuesta que aúna las nuevas tecnologías y el paisaje.

Mercedes Barrado Timón

La exposición es tan sugerente como su título: ‘Laboratorio para investigar lo plausible del caso ocurrido en el sótano de Jim’ y desgarra al espectador entre la contemplación de lo natural y el ambiente de laboratorio. Son cuatro instalaciones, en una de las cuales, ‘Vanda’, perteneciente al Meiac, unos humidificadores mantienen lozanas unas admirables orquídeas; en el laboratorio, las peceras acogen diversos ejemplares de ‘killfish’, un pez diminuto que se ha empleado en la lucha contra la malaria. En otras dos habitaciones, grandes pantallas muestran vídeos manipulados con un programa informático que aporta insólitos detalles pictóricos a paisajes naturales y urbanos.

Mateusz Herczka es un artista sueco de origen polaco, formado en Holanda y en EE UU por lo que aúna las tradiciones del paisajismo holandés del siglo XVII y siguientes y lo más avanzado de la técnica informática. La exposición, abierta en el MEIAC, está organizada por la Fundación Ortega Muñoz.

-¿Hay algún tipo de actitud personal que le haya llevado a incorporarse a este tipo de corriente artística?

-Pertenezco a la generación de niños que tenían los ordenadores Commodore 64 que utilizábamos casi como un juguete. Era muy primitivo, pero se podía programar. Para hacer algo más con él casi había que desmontar la máquina y reprogramar de nuevo su lenguaje. Nosotros somos una generación que empezó a deconstruir físicamente la máquina y su software.

-¿Tiene formación cinematográfica?

-Estudié Bellas Artes y entonces la informática no formaba parte del currículum, así que estudié lo tradicional en estas escuelas: pintura, vídeo, fotografía … En EE UU ya teníamos en el sótano un pequeño departamento con ordenadores y había artistas que se escapaban allí a investigar. En los años 80 y 90 no había experiencia de hacer trabajos artísticos con estos medios, pero existía una cultura de los videojuegos y una tendencia a ‘hackearlos’; era cultura popular en la que yo, como joven, crecí ya. Aunque en la producción artística aún dominaban los paradigmas del arte contemporáneo.

-Supongo entonces que ya hay también una generación de público a la que le interesa buscar este arte en los museos.

-Cuando empecé a mostrar mis obras no había un entorno cultural receptivo preparado para este tipo de arte. No había forma de percibir esto en los new media. Los artistas trabajaban  más bien en el contexto de la música experimental como las salas de DJ. Fue en ese ambiente musical donde presentábamos nuestras imágenes haciendo conciertos en vivo. Música y una imagen programada. Tras esta fase underground comenzaron  a surgir instituciones en el ámbito universitario y otras como museos donde proliferaron festivales dedicados exclusivamente a los new media en lugares como EE UU, Alemania, Inglaterra o Barcelona.

Otros artistas

-¿Qué relación tiene con artistas españoles?     .

-No tengo muchos contactos, quizá por la barrera del idioma. Conozco un artista portugués que se llama Andrés Sía.

-¿Cree que puede encontrar algo sugerente en España para su trabajo a raíz de esta exposición?

-Deseo que sea posible. Pero exhibir estas obras en los museos aún tiene un significado parecido a atravesar la barrera del sonido, como si fuera otro mundo. Sólo ahora está entrando poco a poco en los museos y el Meiac es uno de los pioneros en este viaje a un universo que es muy exigente porque requiere construir, montar, mantener…

-¿Este proyecto sólo se puede hacer desde una mentalidad conservacionista?

-De hecho, estos proyectos han sido creados específicamente para enseñar a los habitantes de las zonas filmadas y que estos perciban su entorno de manera distinta. Sería muy interesante trabajar un proyecto similar en Extremadura, aunque los algoritmos y la programación deberían ser sin duda totalmente distintos a los de ésta.

 

FOM-icone-fundo-50px