Miguel Ángel Lama

ortegaSeparata, SO9

MIGUEL ÁNGEL LAMA

L.C.

<<Cuando la humanidad se convirtió en una especie que sólo alumbraba monstruos humanos se liberó de la opresión que la inmovilizaba. En su paradójica e insensata carrera hacia la monstruosidad, del miedo a esa monstruosidad. Entonces los humanos respiraron tranquilos. Ya eran monstruos rodeados de monstruos. Cuando solo hubo monstruos no hubo ya más miedo al pasado de los humanos. Un pasado en el que la monstruosidad era el terror. La sociedad perfecta es la consumación de lo monstruoso». Es la segunda vez que transcribo como un único texto las palabras que en la letra de palote oscilante de Luis Costillo, tan reconocible en tantas de sus obras —véanse algunas de las páginas de su reciente Espejos (Libros de Mesa, 2017), tan rotunda ahora que no está—, acompañan los dibujos de objetos imposibles de Cuando calienta el sol , su contribución a las Historias dentro de una caja (Badajoz, Universitas Editorial, 2017), la edición implicativa de Carmen Fernández (Sally McClay, Carmen Fabrics & Papers), en la que colaboraron una decena de escritores cercanos. Hasta en ocho ocasiones Luis escribe sobre la raíz de la palabra monstruo en una especie de poética sobre la deformación que yo siempre he relacionado con una metodología artística que procede por aprovechamiento de materiales de desecho. Así fue con El cielo sobre Berlín, la edición, de enero de 1999, dentro de una serie titulada «Los pliegos de la calle Soledad», de cinco poemas en prosa de Á. C. P., y dos viñetas coloreadas a mano y una serigrafía de L. C., creada sobre la base de las páginas de un libro de contabilidad de principios del siglo XX que el artista había encontrado en la calle que dio nombre a la serie. Hay una fotografía que me vincula a aquella publicación, y en la que está otro amigo. Cómo no. Como a tantas personas notables, conocí a Luis Costillo gracias a Ángel Campos Pámpano, al poco de iniciada la década de los noventa, cuando Luis se hizo cargo de la imagen de la revista Espacio/Espaço Escrito, que hasta el número octavo había sido diseñada por Emilio Torné. Precisamente, la entrega doble (9 y 10) de la revista, fechada en el invierno de 1993 y 1994, fue la primera que cuidó Luis y la que más me vinculó —en la parte que me tocó del monográfico Juan Goytisolo/ José Saramago— a un proyecto del que solo era suscriptor y amigo por aquellos tiempos. Luego, muchas de las iniciativas editoriales de Ángel requirieron la colaboración del artista, como la que acabo de mencionar. Sea, pues. Siempre me ha llamado la atención la distancia que puede haber entre el resultado de un trabajo y el aspecto de quien lo ha realizado. L. C. era el desaliño que escondía y siempre precedió al resultado de un trabajo impecable. Así fue siempre. Hasta que ya no puede volver a ser.