Verónica Aranda – La casa periférica

ortegaPoesía, SO7

VERÓNICA ARANDA

La casa periférica

I

Drena la posesión en las macetas
y las grandes pasiones se viven a escondidas.
El punto de equilibrio
es timbre de contralto y canta, ausente.
No hay asunción y solo la palabra secreto
emerge entrecortada.

II

Detenerse ante un cuerpo
que alguna vez fingió,
pues fue la casa sobremesa y luz,
pero también fue estigma.
El deseo en sí mismo
puso un racimo oscuro entre tus piernas,
eliminó los posesivos
y entró en la carne
con mirada incrédula.

III

Hay escisión, tatuajes
que atraviesan tu vientre
y dividen en dos la cicatriz;
lechuza que se posa en el alfeizar.
Solo los celos pliegan este vínculo oscuro.
Tampoco el aguacero es redentor
en la hora punta del insomnio.
Insomnio o hiedra por las sienes
cóncavas.

IV

Atravesamos el envés
de todas las palabras
y comenzó el deseo mucho antes
de llegar a los atrios,
a una alcoba pequeña, hexagonal
que habías vislumbrado en un
poema,
sin que un flujo de culpa
rompiera los acuarios.

V

Qué sabes de esta contención.
Qué sabes de esta casa y sus fisuras,
de mi deseo de muerte
cuando se multiplica en las terrazas
o frente a una dalieda.
Amor, las frases hechas
llegan siempre a deshora.
Hay intervalos de silencio-arcilla,
posesión que comienza en la no identidad.
Lo que sucede allí
es solo de tu piel hacia el océano.

VI

Espero la palabra redentora,
pero la transparencia solo habita
en tu vientre extendido.