Santos Domínguez

ortegaPoesía, SO7

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JORGE MARTINS
Três unhas negras, 2011

SANTOS DOMÍNGUEZ

PENUMBRA DE LA MÚSICA

Nació, como un conjuro,
del miedo de las noches,
de un ritmo sin palabras que era el del corazón
y el del tiempo asustado de los astros.

Siguen estando aquí, bajo las delicadas
notas de algún piano
o en el viento afinado de una orquesta,
el que encauzó el aliento en un hueso sin tuétano
para imitar la brisa o al animal furioso.

Quien chocaba un guijarro contra la roca dura
o golpeaba a compás un madero con otro
como quien interpreta el corazón del mundo,
el ritmo de los pasos
o el latido constante de la alta luz del día.

Aquí siguen estando,
con sus piedras sonoras o los pies en el suelo,
con su caña armoniosa
o el tambor que era un tronco que convocaba al trueno.

Aquel que una mañana sopló una caracola
como si respirara el mar, como si duplicara
el rítmico jadeo del combate o la cópula,
la emoción de la caza, la angustia en la carrera,
la vibración del viento o el canto de los pájaros.

Nació, como un conjuro,
del pánico ante todo lo que no tiene nombre,
ni cuerpo, ni mirada.

Del terror al sol negro
y a una luna que se hunde para siempre en el mar.

Y sigue estando aquí, como está en cada día
la oscura sucesión
de minutos y olvidos que completa la tarde,
la tarea de penumbra que oscuramente somos.

LA TARDE EN FUGA EN KOTHEN

Das wohltemperierte Klavier.
Bach
BWV 846 (1720)

De plata y de cristal, en pie frente a las lágrimas,
arde por los salones un juego de sonidos
que brilla en los espejos y mueve los planetas
al compás de las notas armónicas de un clave.

Desde un papel pautado
su músculo sonoro calmaba las tormentas,
buceaba en el origen oceánico del mundo,
prendía las hogueras orgánicas del tiempo.

Por la desamparada cartografía del sueño
bajaba incandescente su centella
del silencio insondable de la noche
al luminoso idioma de la fuga.

Un rincón en penumbra de la tarde de Kothen
coronaba de fiebre las órbitas del frío.

Ya habitaba el futuro
la conmoción serena de su música
y encendía entre las sombras
la brasa inagotable que brilla en las estrellas
y en el recinto oscuro del poema.

EN TI YA SOLO LLUEVE

Las palabras del hombre que ya ha muerto
se alteran en la entraña de los vivos.
W. H. Auden

En ti ya solo llueve.

Eras el que robaba el fuego transparente,
el que cantaba en sueños con sílabas oscuras
y en ti ya solo llueve.

Hay tormenta en el sol, y aquí la tarde ruge
sobre las tejas rotas y sobre los recuerdos
con esta luz sin dueño, con esta obstinación
de rueda rutinaria.

Como quien lleva a cuestas un saco de cenizas,
de sombras congeladas al borde de una herida
y las deja esparcidas en un recinto oscuro
de sangre impetuosa que no corre
del corazón al centro sigiloso del tiempo,
habías dejado escrita, como en un epitafio,
la luz indescifrable de la desolación.

Con la fragilidad del vértigo y la fiebre
del viento desatado que ruge en los planetas
o en la frente del lento animal de la tarde
y el jadeo de su espanto cuando el sol se despeña,
era un largo silencio lo que venía rodando
desde el fondo insondable de la noche,
del mar que llueve ahora sobre tu rostro solo.

MEMORIA HERIDA Y COMPÁS DE MANOLITO DE MARÍA

De la cueva profunda,
del encalado fondo de la cueva
se alza a compás su voz menesterosa
como un torrente antiguo y subterráneo
que brota de la roca del castillo del Águila.

En la venta Platilla se afina humilde y llama
al fondo de sí mismo
y entona con un hondo compás atropellado
la soleá cabal, la siguiriya grave,
la bulería pausada y luminosa.

En los tercios que canta
-canta porque se acuerdarespiran
las edades pesarosas del hombre
y laten como laten los perros moribundos
la historia desolada de la calamidad
y un mestizaje extraño de dolor y alegría.

Oscura como el fondo de la cueva,
clara como su cante combustible,
vibra allí la memoria herida de su raza
-las fatiguitas negras, el desamparo, el hambrecon
un compás herido de fiesta y amargura.

De su voz desdentada
brota una vieja luz inextinguible
y en su hondo pellizco analfabeto
hay un temblor de sangre antepasada,
de memoria indigente de la especie.

Llama negra en la noche inhóspita del mundo,
rescoldo en la intemperie de las flores del fuego,
herencia de palabras de los desheredados.

No lo sabía y cantaba
el tizón del estrago,
la manera de ser de la desgracia
con esa contención delgada y seria
que no se aprende, que es
el mapa doloroso de sus venas antiguas:
Joaquín el de la Paula, Macandé, Juan Talega.

Porque eso no se aprende, eso se nace
-le decía a Mairenacon
él, primo, en la sangre.

INDECIBLE MUCHACHA

Perséfone, la muchacha indecible
Eurípides

Hija y madre que vuelves
desde los negros muros de tu casa
a la luz ancestral del confín de los tiempos,
de los bosques oscuros al despertar del sueño.

Madre, esposa indecible, objeto de plegarias
con palabras opacas y rituales secretos
que invocan la raíz de la serpiente
en la tierra sin frutos en donde todo calla.

Ven, ven desde la niebla, indecible muchacha,
que en la raíz oscura donde germina el día
hay una luz arcaica
que sube desde el fondo de los ritos
y se ve con los ojos cerrados y en silencio.

Madre tú de la sombra,
tejedora celeste,
ven y vuelve fecunda la luz de cada día,
toca con tus palabras la frente del misterio,
invoca a los planetas, mira girar el tiempo
en el espacio ardiente de la noche secreta.

Haz presente tu lumbre en la noche de Eleusis,
en el párpado abierto de las contemplaciones,
en el lenguaje extraño y en las preces precarias.
Oye la voz ajena de la noche del mundo
y su velo secreto.
Escucha a las madrastras, vengadoras de sangre,
oye a las viejas niñas de los cabellos blancos.

Desde el profundo sello de silencio,
en la noche sagrada de los astros
conviven el abismo sin luz de la semilla,
los animales quietos y los dioses antiguos
para llegar al centro donde arde el laberinto.

Señora de la sombra,
póstrate, y que la sombra se arrodille contigo
sobre la lepra antigua del tiempo irremisible,
sobre el retorno eterno del tiempo circular,
muchacha renacida hacia la luz del mundo.

SPIEGEL IM SPIEGEL
(Con Arvo Part)

E quindi uscimmo a riveder le stelle
Dante

Ingrávido y oscuro sobrevive el acorde
en el silencio azul de las bengalas
y en el ritmo incansable que late en las mareas,
con llama blanca que arde
bajo el arco tensado que sostiene el planeta.

Hacerse y deshacerse
del presente en el mar, cifra del tiempo
que nunca se consume en su espiral insomne.

En lo oscuro, un remanso
de plenitud sin peso y sin contorno.

Y el tiempo se disuelve en el espejo
del agua detenida, iluminada
por una luz que viene del fondo del paisaje
y de su propio fondo transparente.

Surge del sueño igual que brota azul el agua
y las estrellas negras y su oscuro oleaje.
Pálido corazón sin garganta y sin sueño.
donde despeña el tiempo sus sílabas de arena.

Porque la lluvia anida su piedad y su música
en el centro nublado del paisaje
y el canto imperativo de los astros
esparce sus indicios: rotaciones,
fractales, laberintos y vórtices traslúcidos
en la hondura sin fin de las huellas del tiempo
sobre el hielo estelado.