Igor Barreto

ortegaPoesía, SO5

IGOR BARRETO

Las golondrinas

Cuando la esfera terrestre se entinta
con la turba más negra del espacio
vuelan las golondrinas
en torno a los altos reflectores
de la gasolinera.
A esta hora se van aquellos
del último turno
pero las golondrinas prosiguen
sus acrobacias
rebanando el aire
o en barrena
se lanzan por una buchada
de mariposas nocturnas,
o saltamontes deslumbrados
en una brusca detención
ante el descubrimiento de la luz.
Es un banquete nupcial que dura
trescientos sesenta y cinco días, incluso
aquellos sábados
en que los habitantes del ghetto de Ojo de Agua
se van al mar y retornan ebrios
en destartaladas camionetas
que aparcan para contemplar aquel zig-zag
de alas arqueadas
y una cabeza de ave
como la punta de una flecha,
y aseguran que el mirarlas fijamente
previene la posible ceguera
y otros creen que es Dios
que nos mantiene así                alelados
para ejercer su dominio.
Pero además
quisiera decir, que mientras esto ocurre
en la ciudad hay personas
que desaparecen de forma inexplicable:


El Sr. Guido de Jesús, de 67 años de edad, para el momento de su extravío vestía un pantalón verdoso y una camisa blanca manga larga, zapatos y gorra negra. En caso de ser visto, cuánto agradecería llamarme al siguiente teléfono: 0424 269 36 46. O a Luis Rafael Reyes que también está perdido, por favor notifiquen a estos números si le llegasen a ver: 0412 206 36 80. O a José Natividad Botini que tiene 90 años, y es de contextura delgada y viste un pantalón gris, camisa vino tinto y gorra gris, favor informar al: 0212 662 23 372. Y a Silys Coromoto Vargas que se extravió hace tanto tiempo y no tenemos ni siquiera un teléfono para que nos avisen, ni foto de ella. ¿Qué haremos?


Hay muchos que quisieran enjaular, detener
aquel ir y venir de las golondrinas.
El azul-sólido de su plumaje.
Mientras otros son arrojados a la cesantía,
y mueren los gatos
y sus siete vidas.
Pero las golondrinas continúan
y en el aire duermen sin respiro, ni causa.

Significados

Alguien se lleva la mano al corazón
y dice unas palabras.
Pero las palabras son en realidad insensibles
y quien las hizo
no calculó su capacidad
para significados tan enormes.
A pesar de los cuidos que les prodigamos:
la forma de agruparlas,
el tallado y la orquestación:
siempre los adjetivos
merecerán una reprimenda
por nuestra sentimental torpeza
y los gerundios estancados
en el encabezamiento del verso
codiciarán el sonido de cada vocablo.
Pero además, qué puede ser un verso
sino un corralito de estantillos
de madera podrida
en demasía inútil para contener
el animal que somos.

Posible comienzo

Con el cambio de lugar de los símbolos
se inició la destrucción del país.
La imagen se fue totalmente a negro.
Todavía hay miedo y la timidez
está tan cerca de la ira.
¿Qué hacer para que desaparezca
lo ocurrido intencionalmente?
Tal vez vendrá otro hombre
con gran poder sobre el azar.
Recuperemos un sentido mayor.
Aun tenemos restos de la casa:
existe una puerta
y lo que resta
regresará.

El pequeño lápiz

I


La poesía enseña
el amor por los lápices.
El lápiz que apenas puedes
sostener con la mano
y escribe garabatos
sobre la página blanca
como indecisos caminos
que suben una montaña.
Cómo es posible que un lápiz vaya
desde la altura de un objeto nuevo
hasta convertirse en algo como un niño
que dice cosas a medias.
Por qué
el tiempo
invertiría el orden
en la forma de este objeto.
Acaso, un lápiz, no debería crecer
con el paso de los años
y finalmente llegar a ser,
algo nuevo:
una hermosa varilla pintada de amarillo
y no un palito
de pequeño zapato negro.
He reunido mis antiguos lápices
en una caja:
pareciera que duermen,
o se abrazan
en la misma ronda
que ahora recuerdo.

 

II


Un lápiz ya desbastado
por el uso
puede compararse
con la vida de un hombre.
Sería
eso que llamamos un “lapicito”.
Su carne se acumula en los depósitos
de mina y madera del sacapuntas.
Esta podría ser la vida de Gabriel,
ahora,
a los sesenta años: “Gabrielito”:
pequeño lápiz, despuntado o quebrado,
lapicito.
Cuántos renglones
serías capaz de escribir
si hoy permaneces en la gaveta de tu cuarto,
en tu casa humilde
que ya no tiene borrador
y las paredes perdieron el fulgor de la pintura
laqueada en amarillo.
Qué será de ti,
eso me pregunto.