César Iglesias

ortegaPoesía, SO7

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JORGE MARTINS
A raiz da sombra, 2011

CÉSAR IGLESIAS

Notas de ornitología

Estos pájaros negros nos anuncian
marzo y abril; blackbird dicen al norte;
aquí para nosotros mirlo, o tordu
y ñerbatu en la lengua desterrada.
Los oímos cantar en la espesura
de Lluveces, en parques con tristeza
de orfandades y juegos detenidos,
en urbanizaciones con farolas
que alumbran la miseria a campo abierto.

Wallace nos enseñó a mirar de trece
maneras muy distintas su perfil.
Keats prefería oir al ruiseñor
para calmar la niebla de las almas.
Leopardi habló del passero solitario,
camuflado en su abismo sin más rezos.
Saba lo persiguió entre la Bora
huyendo de su culpa con ancestros.
Hughes lo buscó en los campos de la turba
más negra por la bruma sometidos.
Zagajewski lo vio oculto del miedo
de un país construido con las ruinas
y la vergüenza de hombres derribados.

¿Qué nos queda a nosotros?
La plegaria tal vez, algún poema
o escuchar en la bruma la agonía
de este pájaro negro sin silencios.

Cartografía de la desolación

El hacedor de mapas está solo,
no necesita guía. Caminar
lento por la comarca de la nada
es un oficio sin más letanías
para los que no saben de la espera
ni de las escrituras del olvido;
para aquellos que viven y se buscan
con las topografías del espanto;
para los que los páramos son trazos
dibujados con hiel y sacrificios;
para aquellos que observan el abismo
con el aliento que otorga el vivir.
El hacedor de mapas sólo tiene
un mandato: marcar líneas de ocaso.

Rastreos del consuelo

Buscamos la luz más difícil, luz
que muestra oscuridad a campo abierto,
que descubre la niebla de los cuervos
y de las aguas negras sigue el cauce.
Rastreamos la zona gris del miedo
que esconde los talleres del terror,
que preserva las cánulas dolientes
y camufla las sombras del acecho.
Buscamos lo indecible porque allí
descansa esa otra oscuridad
que silencia la pena sin más nombre,
que crucifica pérdidas sin brazos
y extiende las verdad de las sábanas.
Perseguimos consuelos imposibles
porque ni fe tenemos, ni esperanza
nos queda para ser más que osamentas.

La otra calma

Afán de moribundos somos, tercos
en nuestra vocación de pobladores
de tumbas: nuestro anhelo es reposar
donde insiste el espanto y la tiniebla..
Las apariencias sobran, verdad pura
sin velo*, no más sombras ni más llamas
que oculten la intemperie que nos lleva
a buscar el aliento de Dios nuestro.
Estas madres que acunan las mortajas
de sus hijos huidos en el aire
piden los atributos del martirio.
Ni ternuras ni hierros, solo el credo,
sola la luz que alumbra los finales
para alcanzar la calma más oscura.

*Fray Luis de León.

En otra vida

Ya no quedan monedas para tantos
ojos, ni más lamentos que decir.
Llegado es el momento de buscar
otras formas de hablar con los raitanes,
que con sus cantos rojos nos alertan
de los temores dulces de los bosques,
de los ángeles negros sin caricias,
de los aullidos sordos de la noche,
de las habitaciones con lamentos,
de los rezos inútiles del viernes,
de las mentiras dichas de rodillas.
Es nuestra oscuridad quien prende fuegos
a aquellas malas luces de osamentas
sin tumbas ni siquiera en sus ocasos.

La senda oculta

Los que nada buscamos, algún día
podremos encontrar la senda oculta,
la misma que nos lleva al lugar donde
el bosque ulula el miedo de la infancia;
donde un viento feroz trae sus aullidos
para ocultar el llanto del consuelo;
donde el tronco del roble no es guarida
a los ojos sanguíneos de los lobos;
donde la podredumbre es alimento
para una tierra infértil y voraz;
donde la oscuridad alumbra hogueras
con fósforos y astillas de rencor;
donde los topos velan la memoria
de los que ocupan tumbas en secreto;
donde el gusano horada en esta tierra
las raíces y el cráneo de los padres
suicidas; donde el trueno sordo y ciego
enmudece las noches de la infamia.
Nada buscamos, nada, tal vez el espanto
de nuestras elegías y plegarias que calma
la fatiga en la senda que nos lleva al asombro.