Miguel Torga. Fotobiografia – Clara Rocha

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MIGUEL TORGA.
FOTOBIOGRAFÍA
Clara Rocha - Miquel Escudero

Dom Quixote, 2018.

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La autenticidad de Miguel Torga Miguel Torga.

Miguel Torga. Fotobiografia, reeditada en 2018, elaborada por su hija Clara Rocha (el nombre civil de Torga era Adolfo Correia da Rocha) y editada por Publicações Dom Quixote, tuvo una primera edición en 2000, con una tirada de diez mil ejemplares que no tardó en agotarse. Siempre fue libro muy buscado, por contener mucha y esclarecedora documentación (fotos, correspondencia, documentos del “dossier Miguel Torga” en la PIDE…), la cronología pormenorizada que le da cuerpo, marcando su carácter biográfico, y testimonios de varias personalidades ofrendados a nuestro autor: Manuel Alegre, quien realiza el prefacio, António de Almeida Santos, António Arnaut, Claire Cayron, Jorge Amado, Mário Soares y Sophia de Mello Breyner Andresen. Miguel Torga continúa siendo, como dicen los libreros, un “long seller”: sus libros, y los libros sobre su vida y sobre su obra, no se venden deprisa, pero siempre se venden a lo largo del tiempo. Esta reedición actualiza la bibliografía del autor trasmontano, consignando la última traducción de la obra poética de Torga en castellano: los poemas que contiene el primer cuaderno del extenso Diário de Torga (de un total de 16 que abarcan la escritura de más de 60 años) y el poemario Odas ; traducción de estas dos colecciones publicadas por la Editora Regional de Extremadura y realizadas por el que humildemente suscribe esta reseña, quien ya había hecho una versión del asombroso cuento “Vicente”, díscolo cuervo del Arca de Noé, extraído del volumen Bichos, para la revista de Getafe Cuadernos del Matemático en 2015.

Difícil es encontrar en el panorama literario portugués del siglo XX una personalidad tan “espantosa” (espantoso, en la lengua portuguesa, significa maravilloso, asombroso, admirable) como la de Miguel Torga (São Martinho de Anta, Trás-os-Montes, 1907-Coimbra, 1995). La autenticidad, no sólo en su literatura, sino en sus acciones vitales, es lo que grandemente le caracteriza. La adopción de su seudónimo tiene que ver con ello. Él no estaba muy conforme con la creación de una Unión Europea, dispersa, heterogénea (como hoy mismo se puede comprobar), decantándose, sin embargo, por la homogénea extensión ibérica, donde dos estados contiguos puedan asimilar comunes ideales. Ese Miguel, de Miguel Torga, tributa a Cervantes y Unamuno. Al referirse a la guerra civil española del 36, su hija escribe en la Fotobiografia : “El autor la vivió intensamente, y expresa en varios de sus libros el dolor de la destrucción y el luctuoso sentimiento por la inmensa herida abierta en la tierra y en los hombres de Iberia”, dejándole “una profunda cicatriz interior.” Por referirse a ese conflicto, dejando ver la crudeza del bando nacional en el pequeño y poco difundido volumen “El Cuarto Día”, dentro de las entregas que él mismo iba editando de su novela autobiográfica La Creación del Mundo, Miguel Torga conoce las cárceles del opresivo régimen (apresado en Leiria y conducido a la dura prisión de Aljube, en Lisboa). La detención se llevó a cabo gracias a un chivatazo que Nicolás Franco, hermano de Francisco, puso en la oreja del propio Salazar. El apellido de su seudónimo hace honor a una planta bravía de su tierra, pues la torga es un brezo que es capaz de enraizar en la piedra ofreciendo unas brillantes y delicadas florecillas. Y la pura escritura de Miguel Torga verdaderamente surge muchas veces de lo más árido y cotidiano.

  Su obra es extensa, brotando siempre de la más franca realidad. Su creación es, en todo momento, genuina. Su producción, de una interpretación polisémica e inabarcable, perpetuamente parte del aquí; no en vano él remarcó que “lo universal es lo local sin paredes”. El telurismo de Miguel Torga, explica Clara Rocha, atraviesa toda su obra. La Creación del Mundo, la novela Vindima (“Vendimia”, aún no vertida al español), muchos de sus cuentos y su poesía, su amplio Diário y hasta sus discursos de cariz político, se sustentan en el amor a la soberbia comarca, presidida por el Duero, donde se asienta su pequeño pueblo, y en su profesión de médico, un otorrino accesible no encuadrado en la burocracia de los grandes hospitales sino ocupando su sencillo consultorio en el centro de Coimbra. De lo primero da fe, no sólo la fábula de Vindima, situada en esas laderas repletas de fértiles vides, o el Agarez que frecuenta La Creación del Mundo como un homólogo de São Martinho de Anta, sino el aspecto que evidenciaba la propia figura de Torga desvelando sus orígenes rurales. En una descripción jocosa de sí mismo llega a apuntar su “perfil de contrabandista español”. En sus primeros años de médico escribe: “Un médico no es para el enfermo lo mismo con bata que sin ella. Y no es por la sensación de limpieza que el color blanco sugiere. No. Es el simple prestigio del hábito que, a la postre, hace al monje.” Pero a veces su condición de facultativo le produce hastío, especialmente durante ese tiempo destinado a aldeas como médico rural antes de abrir su consultorio; expresando que no puede pasar la vida jugando a la brisca con el párroco.

  Torga era una persona que, como escribe Manuel Alegre, “claramente detestaba las frivolidades mundanas”. No le gustaban las poses, decía siempre lo que pensaba, no era hipócrita, no le agradaba dedicar sus libros. Era declaradamente de izquierdas, aunque no de partido, y manifiestamente decreído, aunque no deje de considerar que Dios fue: “La pesadilla de mis días. Tuve siempre el coraje de negarlo, pero nunca la fuerza de olvidarlo.” En suma, es oportunísimo acierto la reedición de esta Fotobiografia de Miguel Torga, pues sus imágenes acrecientan el valioso testimonio de la nobleza del hombre diáfano que fue y la altura de su calidad como escritor, trayendo, como anota Alegre, “a la lengua portuguesa la dureza de la piedra y una escritura de palabras sustantivas, necesarias, únicas”. Máxime teniendo en cuenta la textura biográfica de la creación de Torga. Pues Miguel Torga fue, dice de él António de Almeida Santos, “de Torga, el mejor retratista y el más completo biógrafo”.