Del otro lado. Ortega Muñoz

UN FACSIMIL DE ORTEGA MUÑOZ

Edición: Fundación Ortega Muñoz Prólogo y cuidado de la edición: Andrés Trapiello Fotografiado, retocado y estampado: Unidad Móvil Fotografía Especializada Diseño Gráfico: Guillermo Trapiello

15 de junio de 2017 / 15 de septiembre de 2017

Organizada por la Fundación Ortega Muñoz, se presentó en junio de 2017 en el MEIAC, la exposición Del Otro lado. Ortega Muñoz; así como la edición facsímil que con el mismo título se ha hecho de las 32 obras (gouaches y apuntes sobre papel), pertenecientes a un ciclo de trabajos suyos extraordinariamente interesantes y rigurosamente inéditos hasta la fecha. Se trata de una auténtica rareza celosamente custodiada por los herederos del pintor y de una verdadera joya, tanto por su interés documental, como por su valor artístico.

La edición fue realizada por el escritor y tipógrafo Andrés Trapiello, autor del ensayo con el que se presenta el facsímil y responsable, junto a su hijo Guillermo, del diseño y características formales de la publicación. La exposición se completó con algunos ejemplares realizados igualmente en colaboración con su hijo Guillermo Trapiello y con los diseños que este realizó para la serie de novelas cervantinas de su padre. La excelencia y méritos reconocid

Edición: Fundación Ortega Muñoz Prólogo y cuidado de la edición: Andrés Trapiello Fotografiado, retocado y estampado: Unidad Móvil Fotografía Especializada Diseño Gráfico: Guillermo Trapiello

os a Trapiello por sus trabajos tipográficos para editoriales como Trieste y La Veleta, ha tenido continuidad en los proyectos que ambos comparten, o en los que lleva a cabo en solitario el joven arquitecto madrileño, para editoriales como Destino y Planeta, o al frente de proyectos editoriales como Walk With Me, o Negocios Raros.

La exposición muestraba pues, no sólo una faceta hasta ahora desconocida en la producción del que fuera uno de los artistas españoles más señalados de su tiempo, sino también la importancia del trabajo realizado por el taller de los Trapiello a la hora de concebir el libro y el trabajo editorial como una más entre las bellas artes.

 

Del otro lado. Ortega Muñoz @ MEIAC (obras expuestas, 2017)

En diferido, Gunnar Ekelöf


Una entrevista me pide hacer Antonio
y en mi vida me he visto en tal aprieto
Ya diréis cómo salgo del entuerto
que es el hacérsela en vivo a un muerto.

 

Mantengo esta conversación con uno de los grandes poetas nórdicos del s. XX, Gunnar Ekelöf, fallecido en 1968. Es decir, converso con la autobiografía del poeta, cincuenta años después de su muerte. El diálogo nos deja apuntes que desvelan su personalidad artística, lo que es el fin de toda entrevista

 

 

Usted nace en el seno de una familia acomodada y sin embargo se califica de  autodidacta. ¿Qué motivos hay para ello?
Siempre he sentido estar al lado de los autodidactas y quiero considerarme autodidacta a pesar de mis exámenes aprobados o  suspendidos.  Lo que realmente he aprendido  lo he aprendido en una especie de legítima defensa  contra lo que querían  meterme en la cabeza.

 

 

Pero usted  tiene estudios universitarios …
No soy autodidacta en el sentido en que lo son  los escritores proletarios.  Pero siempre me he encontrado  a gusto entre ellos sin pertenecer a su grupo. El autoaprendizaje parece haber implicado para ellos  lo mismo que para mí:  es decir, una reconsideración personal.

 

 

Es bien conocida la relación que tuvo usted durante la escritura de su primer poemario   sent på jorden  con la obra de Stravinski  La consagración de la primavera. ¿Ha seguido teniendo la música influencia en su obra?
La música es lo que más y mejores cosas me ha dado. La primera vez que oí una auténtica orquesta de cuerda fue en alguno de los últimos años de la guerra mundial,  en un cine grande, creo que era el Röda Kvarn, y yo iba en compañía de mi tutor. La  “triste “ música  me hizo una impresión tal que durante bastante tiempo me negué, por una especie de miedo, a asistir a conciertos cuando se presentaba la ocasión. La música  me obligaba a imaginarme las cosas más atroces:  que yo estaba totalmente solo en la vida, raptado o perdido,  y no tenía sitio al que escapar — era la ingenua  reacción de un oído inexperimentado en una edad  en la que uno objetiviza involuntariamente todos los fuertes sentimientos, de alguna manera se los explica  a sí mismo, los ejemplifica, los provee de un argumento imaginado.

 

También ha hablado en numerosas ocasiones de su relación con la mística,  especialmente  con el sufismo.
Era sobre todo la mística lo que me atraía durante aquellos años de paulatino despertar  y los místicos jóvenes son  bastante más  molestos y raros que  cualquier místico anciano.  Llegué a sentir asco por  Europa y la cristiandad y, durante las oraciones matinales  de la escuela, aprendí a murmurar el mantra budista Om  mani padme hum  como protesta. No encontré justo lo que buscaba hasta que  me topé con El intérprete de los deseos, (Taryuman al-ashwaq) de ibnʿ al Arabī, que durante largo tiempo fue mi libro de cabecera.  Fue en él  y no en otro lugar donde  aprendí lo que quiere decir significa surrealismo y simbolismo.

 

 

¿Fue entonces cuando empezó a escribir?
Hasta entonces  no había tenido  una idea definida   sobre la creación  artística, quizá había  copiado un poco en el estilo de  a ibn al-Arabi y acariciado ciertas aspiraciones musicales.  Pasé un verano sentado junto a mi ventana abierta  oyendo el rumor del río Dala y comentando mi querido Taryuman y por las tardes me paseaba con él en el bolsillo.  Una tarde  tuve una vivencia  que casi debo caracterizar  como una especie de éxtasis.  Cayó sobre mí como un relámpago   y recuerdo que de regreso a casa iba haciendo algunas eses.  Como suele pasar en  parecidas ocasiones yo tenía una orquesta completa  tocando detrás de mí y yo entraba bien con un instrumento, bien con otro.  Luego  aquello se convirtió en un poema, mi primer poema más o menos independiente,  y  está en mi poemario,  Sorgen och stjärnan,  estúpidamente  reelaborado,  junto a lo mucho que contiene ese libro de valores afectivos embellecidos.

 

 

¿Tuvo usted algún maestro o  algún método que le ayudase en la creación?
Animado por el examen y reconsideración general estético que tenía lugar a mi alrededor decidí empezar desde el principio con las palabras. Caí en la cuenta  de que no sabía nada. Cogí las palabras una por una  y traté de determinar sus valores, coloqué palabra junto a palabra y logré tras ímprobos esfuerzos formar una frase — naturalmente no “con sentido” sino compuesta por los valores de las palabras.  Lo que yo buscaba era el  sentido oculto  — una especie de  Alchimie  du Verbe.

Una palabra tiene su significado y otra el suyo, pero cuando se presentan juntas  les ocurre algo extraño:  adquieren un sentido adicional intermedio, al mismo tiempo que  conservan sus significados primarios.

Hace unos años,  en una discusión sobre arte, Grünewald  se expresó de esta manera:  «Aquí tengo un vaso de agua delante de mí.  Ahora  coloco una naranja junto a él. Y el vaso de agua se transforma  en un vaso de agua completamente diferente».  Se pueden citar muchos filósofos y artistas que han dicho lo mismo aún mejor, por ejemplo Degas, pero  lo que acabo de decir es  por lo menos  visible  claro  y algo parecido a lo que yo quiero expresar.  Esto es el contrapunto de las palabras: visto desde un lado significa una fila de palabras, algo que está a la luz del día, visto desde otro lado significa algo que está — en la noche, en la incertidumbre. Y la poesía es precisamente  ese estado de tensión — entre las palabras,  entre las líneas, entre los sentidos. En realidad he aprendido a escribir  como un niño aprende a leer: B +A es — curiosamente  — BA.

 

Naturalmente uno tiene que tener algo que decir, pero está bien si se empieza por aprender a decirlo y se empieza desde el principio. Muchos escritores  han desatendido el catón que tienen dentro de ellos,  impreso en un ejemplar.

 

¿Cuál ha sido su camino por el mundo literario? ¿Y su escuela?
Mi camino a la literatura es totalmente el de un outsider.  Al principio nunca escribí para publicar, lo que en todo caso es la única escuela verdadera  que tiene un escritor a su disposición: el purgatorio  de las redacciones, editoriales ,  los críticos y el público  para  bien y para mal.

 

 ¿Y por qué sigue escribiendo?
Si me preguntasen ahora  por qué escribo seguiría contestando —  aunque en un sentido totalmente diferente y más profundo —   a falta de  otra ocupación. Hubo un tiempo en el que yo creía que mi escritura tenía algún objetivo más o menos lejano.  Ahora  sé que  nunca es el objetivo o la intención lo que hace  poema al poema.

 

¿Cuál es a su juicio la primera tarea de un escritor?
La primera tarea de un  escritor es ser como es  él mismo, convertirse en un ser humano. Su primer deber — o más bien  el mejor medio  para llegar a ello— es reconocer su incurable soledad y el absurdo de su caminar en la tierra.  Sólo entonces podrá eliminar todos los decorados, bambalinas, disfraces de la realidad.  Y es sólo por ese camino —colocándose  en la situación de los demás  — ¡de todos!— por el que puede ser útil a todos los hombres. Es el absurdo lo que da sentido a la vida. Esto es en pocas palabras mi credo quia absurdum.

 

De  El camino de un outsider (1947)

 

 

Tal vez sea fructífero completar esta entrevista con algunos poemas del ya clásico  poeta  sueco relativos a la creación literaria.

 

 

ENQUÊTE

 

¿Cuál cree usted que es su misión en la vida?
Soy una persona completamente inútil.
¿Cuáles son sus ideas políticas?
El orden establecido está bien. La oposición
al orden establecido está bien. También podría pensarse
en una tercera alternativa—pero, ¿cuál?
¿Sus convicciones religiosas, si las tiene?
Las mismas que mis ideas musicales:
Que sólo lo verdaderamente inmusical puede ser musical
¿Qué busca usted en la gente? Mis relaciones
son desgraciadamente de muy poca o ninguna constancia.
¿Qué busca en los libros? ¿Profundidad filosófica?
¿Anchura o altura? ¿Épica? ¿Lírica?
Busco la perfecta forma de la esfera.
¿Qué es lo más bello que conoce?
Pájaros en cementerios, mariposas en campos de batalla
algo intermedio. No sé.
¿Su hobby favorito? No tengo hobbies.
¿Su pecadillo predilecto? Masturbarme.
Y para terminar (tan breve como pueda):
¿Por que escribe?
Porque no tengo otra cosa que hacer. Vade retro.
¿También hace juegos de palabras?
¡Sí! — también hago juegos de palabras (*).

 

(*) El juego de palabras al que se refiere el poema es el de la expresión sueca Va’det rätt,tro? (¿Crees que es correcto/ está bien?), que tiene cierta similitud de pronunciación con la expresión Vade retro.

 

LO IMPOSIBLE

 

 

¿Qué crees? ¿Que sirves para algo? ¡Jamás!
Entonces, ¿cómo voy a vivir?
Tú no vas a vivir.
Entonces, ¿cómo voy a existir?
Tú no vas a existir.
¡No entiendo nada!
¿Por qué me preguntas a mí? Todos vamos a morir.
¿Y qué? A mí eso no me sirve de consuelo.
No, claro, no mucho.
¿Crees que debo mandar todo esto al cuerno?
Sí, eso creo.
¡Hombre! ¿Si?
Pero no te enfades. Es una manera de hablar.
Sí, quizá sea así, pero es duro.
Sí, es duro.

 

 

LA PRUEBA DEL AGUA

 

Entonces me dije:
Los únicos poetas que me interesan
son los que llevan cuidadosamente
con manos nerviosas
un cuenco lleno de sangre
en el que ha caído una gota de leche
o un cuenco lleno de leche
en el que ha caído una gota de sangre…
Ahora ya he visto, ahora quiero ver
las manos que agarren firmemente
un cuenco lleno hasta los bordes
de agua de manantial.

 

EL ARTE DE LO IMPOSIBLE

 

Yo profeso
el arte de lo imposible
soy por tanto un creyente
pero de una religión que llaman herejía.

 

Lo sé:
Aquí solo se preocupan de lo posible
Dejadme ser un despreocupado
por lo que es posible o imposible.

 

Así como en los iconos Juan Bautista lleva la cabeza
sobre sus hombros indemnes
y al mismo tiempo en una bandeja delante de él
La víctima se presenta como su victimario
Así profeso yo
el arte de lo imposible
por amor a la vida y por autoaniquilación
al mismo tiempo.

 

 

POETICA

 

Es el silencio lo que debes escuchar
el silencio escondido tras apóstrofes, alusiones
el silencio en la retórica
o en la llamada perfección formal
Esto es la búsqueda de un sin sentido
en lo que tiene sentido
y viceversa
Y todo lo que tan artísticamente intento escribir
es por contraste algo sin arte
y todo el relleno está vacío
Lo que he escrito
está escrito entre líneas

 

 

Traducción  Francisco J. Uriz

 

Hernández-Pacheco @ MEIAC

Elementos del paisaje

1

Gredos, Arenas de San Pedro (Ávila). Museo Nacional de Ciencias Naturales

2

El Guadiana, Don Álvaro (barca), Badajoz. Biblioteca Histórica de la Universidad Complutense

3

Canal de la Sotonera, Almudévar (Huesca), 1917. Museo Nacional de Ciencias Naturales

4

Llanura de turberas, Reinosa (Cantabria). Museo Nacional de Ciencias Naturales

5

El Valle glaciar de Otal, cerca de Bujaruelo, Torla (Huesca), 1920. Museo Nacional de Ciencias Naturales

6

La Raña de Castiblanco descuajada, en el horizonte la sierra de Altamira, plioceno, Castilblanco (Badajoz). Museo Nacional de Ciencias Naturales

7

Los acantilados, Zumaya. Museo Nacional de Ciencias Naturales

 

 

Cum Pictura Poesis

Libros de artista relacionados con la naturaleza

26 de noviembre 2015 / 14 de febrero 2016

SOStenible [fotograma] 2013 Video performance . Javier Flores

SOStenible [fotograma] 2013 Video performance . Javier Flores


Hablar de libros relacionados con la naturaleza nos obliga a mencionar a Heidegger que, en sus reflexiones sobre el ser, cuestiona la problemática del hombre moderno a partir de su completa rendición ante la técnica que destruye la naturaleza, y su abandono del espacio de la palabra. “Habitar poéticamente” sólo puede hacerse en armonía con la naturaleza. El propósito  de esta exposición consiste en mostrar libros que comparten artistas plásticos y poetas, relacionados con el paisaje y la naturaleza, además de mostrar, en algún caso, los procesos y/o performances que dieron lugar a la creación de estas ediciones.

Incertidumbre 2015

Incertidumbre 2015 Libro objeto en madera de nogal. Compuesto por 32 fotografías, semillas de mostaza y pulpa de papel. Mónica Fuster. Textos de José Carlos Llop

Artistas seleccionados: Santiago Arranz – Juan Luis Baroja Collet –  Hilario Bravo – Hashim Cabrera – Ricardo Calero – Pedro Castrortega – Luis Costillo – José Pedro Croft – Javier Fernández de Molina – Javier Flores – Hamish Fulton – Mónica Fuster – Emilio Gañan – Jacinto Lara – Richard Long – Carlos Medeiros – Ruth Morán – Ortega Muñoz -David Panea – Johanna Pimentel – Salvador Retana – Ángela Sánchez – Victoria Santesmasés –  Paloma Souto – Olga Simón – Andrés Talavero – Wolf Vostell.

 

Cum Pictura Poesis @ MEIAC (obras expuestas, 2015 – 2016)

Hernández-Pacheco

Elementos del paisaje
Fotografias 1907 – 1950

Monumento a Giner de los Ríos

Monumento a Giner de los Ríos El Tolmo, Manzanares la Real, Sierra de Guadarrama (Madrid), c. 1930. Museo Nacional de Ciencias Naturales

28 de octubre 2015 / 14 de enero 2016

Patrocinada por la Fundación Ortega Muñoz y la Secretaría General de Cultura de la Junta de Extremadura, la exposición Elementos del Paisaje recoge un exhaustivo trabajo de selección, digitalización y restauración de imágenes de Eduardo Hernández-Pacheco. La muestra consta de cerca de 50 fotografías procedentes del archivo del Museo Nacional de Ciencias Naturales y de la colección de placas diapositivas custodiada en la Biblioteca Histórica de la Universidad Complutense de Madrid.
Siguiendo la clasificación que el propio Hernández-Pacheco hacía de los componentes del paisaje, la exposición está dividida en varios apartados: roquedo y vegetación, el relieve del terreno, las masas de agua y el hombre en su aspecto etnográfico. Un último apartado está dedicado a sus trabajos paleontológicos.
La selección de imágenes se ha llevado a cabo teniendo en cuenta los aspectos documentales de carácter científico y los aspectos estéticos y pretende dar a conocer un fondo fotográfico que, salvo en el ámbito especializado de la paleontología, la geología y la geografía, es totalmente desconocido, así como rendir homenaje a la figura de Eduardo Hernández-Pacheco y a la de su hijo Francisco, su discípulo y estrecho colaborador.

Don Ramón Menéndez Pidal

Menéndez Pidal, durante su intervención en el acto inaugural de la Peña del Arcipreste de Hita (Foto Cortés). La Esfera 29-IX-1930

Aspecto no menos relevante en esta muestra es el que hace referencia al importante papel desarrollado por el profesor Hernández-Pacheco en el ámbito del conservacionismo como alentador de las primeras
experiencias registradas en España tendentes a las  declaraciones de Monumento Natural. En 1930 se inauguró en Madrid el Monumento a Giner de los Ríos, y en 1937 el dedicado al Arcipreste de Hita.

 

Hernández-Pacheco @ MEIAC (obras expuestas, 2015 – 2016)

 

 

 

LAS RAZONES GEOLÓGICAS DEL PAISAJE ESPAÑOL

(Una conferencia interesante)

La Esfera. Num.807-Año XVI.

Eduardo Hernández-Pacheco

Eduardo Hernández-Pacheco

Madrid, 22 de junio de 1929

 

El Congreso de las Ciencias constituye una nota culminante del periodo inaugural de la Exposición de Barcelona: los hombres de ciencia españoles han comprendido, como es natural, que su labor, siempre trascendental, había de ser más trascendente aún en ocasión tan solemne, y la labor que constituirá el trabajo de las diversas secciones tendrá esta vez mayor importancia aún que en reuniones anteriores de la Asociación Española para el progreso de las Ciencias.

Los conferenciantes que han de actuar, como representación genuina de las diversas secciones, han sido más cuidadosamente elegidos que nunca, y en esa selección ha sido acto de justicia designar como representante de los cultivadores de las ciencias naturales, al eminente catedrático de Geología de la Universidad Central y Jefe de Sección del Museo de Historia Natural, don Eduardo Hernández Pacheco.

Hernández Pacheco es geólogo de reputación universal; su labor científica, muy copiosa y selecta, es conocida y comentada por todos los geólogos eminentes, y su nombre significará un enorme atractivo para la conferencia.

Hernández Pacheco tiene, además, un temperamento de artista, y lleva algunos años estudiando las relaciones íntimas que entre las bellezas naturales del paisaje y las condiciones del lugar en que se dé existen, y que nadie percibió antes que él, ni, menos aún, con tanta intensidad.

Ese tema constante de meditación, al que deberemos prontamente un libro, es también el asunto de la conferencia que en Barcelona dará Hernández Pacheco, y esto duplica el interés que, sin tanto, sería ya muy grande de su labor.

El eminente geólogo piensa, y tiene suficiente documentación para ello, que la gran variedad del paisaje español no es sino expresión de la enorme diversidad fisiográfica que dentro de su perfecta unidad geográfica ofrece nuestra Península.

Cuatro influencias esenciales determinan especialmente esa diversidad: la europea, la africana, la mediterránea y la atlántica.

Junto a ellas actúan el relieve (metas y purillanuras, llanuras exteriores, montañas centrales y periféricas) la litología (el viejo macizo granítico y paleozoico del Oeste; las areniscas y calizas mesozoicas de las montañas pirenaicas, ibéricolevantinas y béticas; las arcillas y margas nezoicas de la llanura castellana, aragonesa y tartesia) y el clima y la vegetación (zonas de clima húmedo europeo mediterráneo y continental).

Factores esenciales del paisaje son la vegetación y el roquedo, y su acción es matizada por los factores complementarios: el agua, el cielo y el hombre. La base, sin embargo, es siempre litológica.

Atendiendo a ella, cabe distinguir, y distingue Hernández Pacheco, los paisajes asentados sobre rocas plutónicas y los que tienen su asiento en las neptúnicas.

Al primer grupo corresponden los paisajes graníticos (sobre rocas graníticas) y los volcánicos (sobre ofitas, pórfidos y basálticos).

Los paisajes sobre rocas neptúnicas corresponden a los tres tipos de esas rocas arenáceas, arcillosas y calizas que, a su vez, dan subtipos: las areniscas eocenas del Estrecho; las formas fantásticas del rodeno; los ásperos paisajes de la cuarcita de Despeñaperros y de las Batuecas.

Los paisajes calizos dan, mediante otras influencias secundarias, la ciudad encantada de Cuenca y el Torcal de Antequera: las hoces y los congostos de los ríos pirenaicos.

Aún habría que estudiar las muelas y mesas calizas de las montañas levantinas, los abrigos rocosos (con pinturas rupestres) y los paisajes subterráneos…

La contemplación y la admiración estética de la naturaleza, influenciada por un espíritu depuradamente científico, llevó a Hernández Pacheco a buscar esas relaciones de tan alto interés.

Hace tiempo que es tópico manido hablar del “alma del paisaje”. Hernández Pacheco es el psicólogo de ese alma, el que dando un nuevo valor a la frase, nos dice el sentido de ese alma descubriéndonos su por qué.

La conferencia de Hernández Pacheco, como todas las suyas, y señaladamente las que se refieren al mismo tema, está ampliamente documentada con fotografías obtenidas por el mismo profesor y su hijo, también geólogo muy distinguido, en las que, aun no habiendo sido la preocupación estética sino la científica, el móvil del artista, resalta la belleza hábilmente lograda de los variados paisajes españoles.

Es un motivo más de interés que con que esas conferencias son oídas y del magnífico éxito que logran.

Por fortuna, el tipo de hombre de ciencia seco y desabrido, que no ve la belleza ni siente el arte, si existió, no existe ya.

CIENCIA, PAISAJE Y FOTOGRAFÍA

DIARIO DE SEVILLA

DIARIO DE SEVILLA

DIARIO DE SEVILLA. CULTURA Y OCIO | LUNES, 21 DE DICIEMBRE DE 2015

Una muestra en Badajoz rescata el archivo de Hernández-Pacheco, que documentó la variedad del territorio español en unas imágenes que combinan la finalidad científica con valores artísticos

 

‘Elementos del paisaje. Fotografías 1907-1950’. Eduardo Hernández-Pacheco

Organiza: Fundación Ortega Muñoz
MEIAC. C/ Museo, s/n. Badajoz

Hasta el 14 de enero.

Juan Bosco Díaz-Urmeneta

Como antes lo hicie­ron los creadores Philippe Jaccottet, Hamish Fulton, Mario Asociamos casi siempre el paisaje a la pintura, con menos frecuencia a la fotografía y pocas veces con la ciencia. Sin embargo, allá por 1839 confluyen en el paisaje un geógrafo, Alexander von Humboldt, un fotógrafo, Louis Daguerre, y un pintor (también médico), seguidor de Caspar David Friedrich, Carl Gustav Carus.

Tan fértil alianza se cumplió cuando un científico, François Arago, propuso al Gobierno francés adquirir el invento de Daguerre y Niepce, la fotografía. Pidió en apoyo de su petición un informe a Von Humboldt. Quedó éste impresionado por la verdad de las nuevas imágenes y así lo escribió a Carus, bien conocido entonces por sus Cartas sobre la pintura del paisaje.

En España, la unión entre ciencia, paisaje y fotografía se cumple decisivamente en la obra de Eduardo Hernández-Pacheco. Una generación más joven que los pintores Rusiñol y Casas, Hernández-Pacheco nació en Madrid (1876) pero creció y se educó en Cáceres, aunque volvería a Madrid para cursar Ciencias Naturales en la universidad llamada entonces Central. En 1910 gana la cátedra de Geología de esa universidad, pero antes fue profesor en el instituto de Córdoba. Ya entonces era un docente innovador: sus clases, en sintonía con la Institución Libre de Enseñanza, incluían desplazamientos a entornos naturales que fotografiaba, empleando sus positivos en cristal para proyecciones en el aula.

En Madrid, sus investigaciones, centradas en el paisaje, se dirigen a la elaboración de amplios archivos fotográficos que indagan en aspectos específicos de diversos enclaves naturales españoles. Como en esos años, segunda década del siglo XX, la geología está unida a la paleontología, Hernández-Pacheco explora, fotografía y documenta refugios prehistóricos y pinturas rupestres (como la Cueva de la Paloma y la Peña de Candamo), y no evita el documento etnográfico. Al ocupar en 1923 la cátedra de Geografía sus indagaciones se relacionan más estrechamente con la defensa de Parques Naturales a la que contribuye con la propuesta de Sitios y Monumentos Naturales, de la que es buen ejemplo El Tolmo, un enorme canto de casi 20 metros de altura en la Sierra de Guadarrama que, a sus instancias, fue declarado Monumento Natural y dedicado a Francisco Giner de los Ríos, fundador de la Institución Libre de Enseñanza. Años después, otro gran risco, en la parte superior del collado de la sevillana, también en Guadarrama, se dedicará al Arcipreste de Hita.

Pero estas acciones de clara intención conservacionista no son esfuerzo más destacado de Hernández-Pacheco. Las superan sus trabajos en los que de modo sistemático estudia diversas zonas montañosas, determinadas formaciones calcáreas o llanuras aluviales, como la de la vega del Guadalquivir. Distintas publicaciones, ilustradas con fotos correctas, sencillas de apariencia, dan cuenta del rigor de las investigaciones.
Sus fotografías tienen una indudable finalidad científica. Solía tomar algunas, en un primer contacto con el medio, con una cámara de bolsillo, que le proporcionaban pautas para una exploración más en profundidad, documentada con imágenes técnicamente más cuidadas. La muestra recoge una parte de esas fotos (pequeña en relación con sus trabajos) que conserva el Museo Nacional de Ciencias Naturales, junto a las diapositivas en cristal (que siguió usando en sus clases) y guarda la Complutense.
Las imágenes se amoldan con exactitud a la intención del científico pero no carecen de valores artísticos. Hay una clara voluntad documental, similar a la que se advierte en fotos de pioneros como Timothy O’Sullivan, pero esto mismo les confiere un matiz que hoy incluimos en el arte: la adecuación a una intención científica que evita toda tentación pictorialista que resultaría inevitablemente retórica. Pero junto a este valor, que llamaríamos conceptual, hay otro, muy evidente, que se podría calificar como fidelidad al paisaje. Es algo que tal vez se remonte a Vidal de la Blache. Este geógrafo francés defendía, frente a positivistas y tardorrománticos, que la visión del paisaje no era neutra sino que encerraba siempre un elemento relacional, empático, que no debía perderse. No era un efecto psicológico, sino la consecuencia de que los animales humanos, antes de contemplar un paisaje, formamos ya parte de él. Es fácil advertir en las fotografías de Hernández-Pacheco matices de esta contenida empatía. Tampoco es desdeñable otra posible influencia, la del teósofo Mario Roso de Luna, paisano, pariente y amigo del investigador.

Sea de ello lo que fuere, lo cierto es que la muestra une al interés de exponer estos archivos (una suerte de memoria del paisaje de este país) el atractivo de estos valores artísticos que deberían ser acicate para iniciativas más ambiciosas, como la Mission Photographique de la DATAR que reunió dos millares de imágenes de Francia, mostrando la variedad de su territorio.