Mateo Rello

ortegaPoesía, SO6, Suroeste

MATEO RELLO

Los Ahogados

i. virgen de labios azules

Ciñéndose los pliegues como tela húmeda
a mis curvas de mármol, al rotundo
porte de mi soberbia, yo debía ser
la pura imagen de la fuerza.
Pero, labios azules de virgen ahogada
contra el limo del fondo, he tenido
largos, muy largos siglos
—tantos como este litoral lleva orbitando
sobre mi pobre cabeza sin cuerpo—
para aprender lo que es la fuerza.
Siglos que me cortaron con puñal de arena
el magnífico cuerpo —yo asomé la cabeza
a la ventana del olvido, allá
se me fue; y todavía hoy, cuando erizan
la piel del mar los días de lluvia, me duele, juraría,
el cuerpo que no tengo.

Mi tiempo es otro, pues: es una procesión alucinada
de peces, de corrientes
negras sin estaciones; mi paisaje,
un código de lentas variaciones
de temperatura y de presión.
Nadie baja a este túmulo, nadie me pregunta
por mi antigua gloria. Con nadie puedo hablar
de las piedras más viejas que yo, esas que aquí, muy cerca
se empeñan en seguir
trazando calles y avenidas, en preservar
rostros extraños, nombres ilegibles
(pienso en las nobles reinas que, 10.000 años antes
de que yo saliera del taller a la luz
—Pizócritos, creo, me esculpió; ya no recuerdo, tanto tiempo—,
de las reinas, decía, me disperso,
que pasearon aquí su altivez, su gracia
bajo peinados imposibles
hasta que la muerte las destronó).
No sabía mi pueblo que un pueblo de fantasmas
era el que cada día, incansablemente,
movía para él la línea de la orilla, su inquietud
ola a ola, espuma tras espuma, y agitaba
la gran sábana azul fragante de salitre.
Hoy otro pueblo, allí, en la superficie
ignorará a su vez a aquellos pálidos
operarios de su mar —como a mí misma.

II. El rostro ausente

A Eric Cervantes, por si algún día le sirve.

“Ciñéndose los pliegues como tela húmeda
a sus curvas de mármol, al rotundo
porte de su soberbia, ésta, niños, es,
aun mutilada, la pura imagen de la fuerza.
Imaginad la gracia vigorosa
de su rostro perdido, acaso con un punto de melancolía
después de los horrores de la guerra,
y en la moza que sirvió de modelo
al escultor, Pizócritos probablemente:
¿Tal vez una princesa helena? ¿Una esclava o una pescadera
que un día en el mercado impresionó al maestro?
Ocurrió que ambas, modelo y obra, asomaron
la cabeza a la ventana del olvido
y allá que se les fue. Pensadlo: de la expresión humana,
quizás hoy una lejana descendiente,
niña como vosotros, guarde algún rasgo;
la cabeza de mármol esté quizás hundida,
labios azules de virgen ahogada
besando el limo del fondo,
en algún punto del litoral de Grecia.
Nadie recuerda la fuerza de la viva; nadie celebra, niños,
el talento en aquel rostro
de mineral ausente”.

Con desánimo, el guía calla.
                                                     En torno
el grupo irregular de cabecitas
le ignora —brazos
tatuados con calcomanías, camisetas con otra
fauna igualmente fantasmal
y submarina: el Neptuno de Disney, Nemo, Bob Esponja—.
Pero entre todas, una
queda prendada del enigma y ésa mañana
tejerá su réplica y lo prolongará
con la materia de su inspiración.
Mañana, su desvelo y otro rostro
                       como los otros cincelado
a golpe de miradas, nacido y recreado
para darse a idéntico
hábito de la hipótesis,
                                           al mismo
arte glorioso de la pérdida.

(De Occidental )

Estampas y conclusiones

“Observando a los pueblos de la antigüedad,
¿qué podemos decir que era entonces la arquitectura?
Era el hombre y algo más”.
Frank lloyd wright

UnO. BarCELOna, 1992

La última barraca

El alcalde exultaba y exultando
lo enviaron las cámaras a la posteridad.
Maza en mano, parecía un titán
o un dios del Norte
                                                     y a sus golpes
tembló la antena como un pájaro herido,
se derrumbaba sobre los cascotes.

En las entrañas tibias, palpitantes aún
de ave tan extraña, el alcalde nos leyó el futuro.
Tintineaba, pero olía a mierda.

Distrito v1

Como la letra, suele la profilaxis
entrar a sangre y fuego:
un bombardeo cada medio siglo
o, más civilizada, la piqueta
parecen saco, pero son higiene.

A su modo, proclaman un diagnóstico:
la memoria es incómoda o temible.

1 Distrito V es la antigua designación oficial del actual barrio barcelonés del Raval, también conocido como El Chino.

Encantes viejos

Soplaré y soplaré
y la casita derribaré

Jinetes de la espuma,
vuestro linaje bien lo conocimos:
ayer, muros del antiaéreo, batidas del Grabao,
vientos encarnizados sobre el Somorrostro;
hoy, naves varadas en el Poble Nou.

Hoy, almacenes desencantados;
ayer, la tregua de la noche
para que el diablo, a su conjuro, levantara
cuatro paredes de latón y tocho.
Hijos de las espumas, náufragos
de la Historia, vuestro linaje
ya no lo recordamos y es el nuestro.

DOS

I

Tan prestigiadas, metáforas del viaje.
Qué acervo de lo efímero y lo nómada.
La intemperie, tan propia en la medalla
de la vida.
                      Pero su plenitud,
mundos de carne,
solo en algunos cuerpos se consigue:
igual que caracoles, esos han sido
esos son y serán la casa
de su propio ser, última síntesis.

II

Repúblicas de piel, el urbanismo
es una era nueva y antiquísima. Es
el hombre y algo menos.

Lo que habéis perdido,
lo han ganado el lenguaje
y la filosofía en literalidad.
Sois lo que no tenéis:
sintecho.