Dionisio Cañas

ortegaPoesía, SO6, Suroeste

DIONISIO CAÑAS

Demasiados muertos para seguir soñando.

Cuerpo vivo, cuerpo muerto, gusanos
agujereando el atardecer.
Tu presencia es una ausencia escandalosa.
Miente estrepitosa-mente.
Trueno y relámpago en una sola burbuja
que se eleva en el aire podrido de París.
Tuviste que huir para encontrarte
en el mismo lugar de tu desaparición.
Ahora vives el sueño de Europa,
un lugar atravesado por la vergüenza
de exterminios masivos.
Primavera de Praga --dijiste--.
Mayo francés, --dijiste--.
Y Sarajevo, siempre Sarajevo.
Derrumbado el muro de Berlín, --dijiste
Los crímenes de guerra no se borran
con una bandera azul coronada de estrellas.
Sobre el cielo de Madrid planean
drones que vigilan como el ojo de Dios
toda posibilidad de un final feliz.

Al parecer no vivía ni estaba muerta.

Europa resucitaba de entre sus cenizas.
Alma en pena, fantasma y sombra
de un pasado sangrante y brillante:
un océano de dudas con islas de basura,
un oscuro recuerdo de ella misma.
Al parecer no vivía ni estaba muerta.
Y dijo no al NO, y despertó, SÍ,
Europa se elevó sobre sus escombros, YES,
dio un paso adelante, SÍ, titubeante, YES,
mujer recién parida, SÍ, hombre desnudo, YES,
tirado en la playa de la Historia.
Al parecer no vivía ni estaba muerta.
Debajo del cadáver de Europa
había toda una infancia.
Tendremos que volver a hablar,
a recrear otro origen para esta vieja Europa,
en la que todos no hablemos una lengua salvaje:
I put my arms around him
yes
and drew him down to me
so he could feel my breasts all perfume
yes
and his heart was going like mad
and yes
I said yes
I will
Yes.
Al parecer no vivía ni estaba muerta, querido James.
Yo era una Flor de la montaña, SÍ,
cuando me ponía la rosa en el pelo
como las chicas andaluzas, SÍ.
¡Cómo me besó al pie de la muralla mora!,
y yo pensé, bueno igual da él que otro,
y luego le pedí con los ojos
que lo volviera a pedir, SÍ,
y entonces me pidió
si quería yo decir SÍ,
mi flor de la montaña,
y primero lo rodeé con los brazos, SÍ,
y lo atraje encima de mí
para que él me pudiera sentir los pechos,
todos perfume, SÍ,
y el corazón le corría como loco,
y SÍ, dije SÍ, quiero, SÍ.

Otras flores nacerán en la noche de Europa,

la boca de un mendigo te dará su muerte,
se construirán ciudades invisibles
sobre esta tierra de ceniza y escombros.
Los niños que nacen en los supermercados
nos traerán, eso sí,
coronas de alambre con espinas
para que los refugiados no pongan
un pie en nuestras playas.
Nadie sabe muy bien cómo construir
un futuro donde quepamos todos,
donde ardan las banderas
de la desigualdad y del hambre.
Cenando hemos hablado de aquellos
que se ahogan en el mar Egeo.
“Cementerio marino” --dijiste en francés--.
“Hijos de la ira” --te dije en español--.
Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres (según las últimas estadísticas). A veces en la noche yo me revuelvo y me incorporo en este nicho en el que hace 45 años que me pudro, y paso largas horas oyendo gemir al huracán, o ladrar los perros, o fluir blandamente la luz de la luna sobre las pateras sin nombre donde llegan hermosas mujeres embarazadas y Europa es el postre que nos toca esta noche, una pantalla envenenada que vomita noticias, de políticos corruptos, imágenes de muertos en las playas, saludables policías que nos protegen de invasiones bárbaras.
La Noche de Europa también tiene su Amanecer.
Un renacer extraño alumbra el horizonte.
La sórdida luz de la mañana ilumina
unos rostros sin ojos que nos hablan.

Europa se pudre de melancolía,

de recuerdos con campos de concentración
donde por ser diferentes,
judíos, maricones y gitanos son gaseados.
Eso fue ayer, no es ahora --dijiste--,
el momento para llorar a tantos muertos --dijiste--,
tantas ruinas, tanta crueldad
de los cazadores blancos
que matan ciervos inocentes
por el placer de matar.
Hay que construir y cantar --dijiste--,
dejar de escupir a los que llegan de otras tierras,
empezar a bostezar ante esta Europa que amasa
con sus cenizas el pan para mañana.
¿Esta es la Europa que queremos?
Is this the Europe that we want?