Ada Salas – Escribir y borrar

ortegaEscaparate de libros, SO7, Suroeste

miguel ángel lama

ESCRIBIR Y BORRAR

Ada Salas.
Antología y prólogo de José Luis Rozas Bravo.

Fondo de Cultura Económica, 2016.

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     El modo infinitivo poético de los Diez mandamientos se prolonga oportunamente en otro que podríamos considerar el undécimo: «Escribir y borrar», que contiene toda una poética que remite también a una tradición, la horaciana de la limae labor, de la necesidad de tachadura, de volver sobre lo escrito. Y de volver sobre lo escrito se trata cuando hablamos de antologías. Seis de los mandamientos del libro anterior se incluyen —sin imágenes— en la penúltima sección de esta antología esencial elaborada por José Luis Rozas Bravo que recorre la poesía de Ada Salas desde el segundo de sus libros, Variaciones en blanco (1994). Y no solo la poesía, porque la última de las partes de este florilegio es una antología de textos acerca de la escritura publicados por la autora en diferentes revistas y en su libro El margen. El error. La tachadura (2010), que fue Premio de Ensayo Literario «Fernando T. Pérez González» de la Diputación Provincial de Badajoz y de la —en su momento— Consejería de Cultura de la Junta de Extremadura.
     Cuando se publicó No duerme el animal, una reedición conjunta de la obra poética de Ada Salas desde 1987 hasta 2003, o sea, de sus cuatro primeros libros, la autora cacereña sometió a Arte y memoria del inocente, su opera prima editada en 1988, a una revisión importante —mayor que la que ella misma declaraba en la «Nota» previa— que eliminó ocho poemas de la primera edición. Ahora, aquel libro desaparece de esta antología, con unas palabras justificativas de José Luis Rozas en la primera nota de su introducción: «Hemos prescindido del poemario Arte y memoria del inocente […], pero no queremos dejar de señalar que en este libro, escrito durante sus años universitarios, y a pesar de ser una obra primeriza, están ya presentes algunas de las claves estilísticas posteriores de la autora» (pág. 9). La responsabilidad es del antólogo; pero el hecho editorial de reunir una importante cantidad de textos de una trayectoria poética de treinta años, junto a la estrecha comunicación entre el compilador y la autora, nos sugiere la cuestión de cómo es actualmente la mirada de ésta sobre su propia obra. En cierto modo, lo confirma la presencia de Ada Salas en la antología en forma de «Epílogo» —con el título de «Sin sentido»— expreso para esta edición y que se cierra con una nota de agradecimiento de la escritora que ha insistido en que «Escribir es una manera de sumergirse en el intento de dar una respuesta: de darnos una respuesta. También a nuestra continua incomprensión de nosotros mismos» y no se ha olvidado de que también la escritura es «Un modo de protesta ante el aplastante acallamiento que uno mismo se impone, que todos nos imponen» (pág. 203).
     «El rastro fulgurante de lo que fuera asombro» —de dos versos de Esto no es el silencio— es el título elegido por José Luis Rozas Bravo para sus páginas introductorias, que estructura en tres partes: «Brechas. Huellas. Silencios», que ahonda en la caracterización de la poética de Ada Salas, «De Variaciones en blanco a Limbo y otros poemas », que nos traza el itinerario entre los dos puntos que representan esos dos títulos y La sed (1997), Lugar de la derrota (2003) y Esto no es el silencio (2008), como estaciones intermedias; y la coda «Escribir y borrar», que recuerda la certeza futura de seguir indagando, buscando y hallando, y buscar de nuevo, y escribir y borrar, y escribir y borrar de una obra en marcha de las más interesantes de la poesía española contemporánea. Para Rozas, hay «en cada uno de los libros de Ada Salas una reveladora unidad, no tectónica, guilleniana, sino debida a la presencia en ellos de una respiración o inspiración identificables, enraizadas en diferentes momentos de predisposición a la escritura, a manera de etapas sucesivas en el devenir de un proceso biográfico y creativo. Cada nuevo poemario parece recoger el fruto de una necesidad de maduración, como si su autora hubiera esperado pacientemente a que las cosas del mundo tuvieran algo que decir, tuvieran que decirse» (pág. 13); de tal modo que se hace ardua la tarea de selección del antólogo, que ha de operar contra la unidad de sentido que es el libro en cada una de las entregas de Salas. A pesar de esto, y de los muchos textos que se sacrifican, de los que se prescinde, la lectura de la obra poética de Ada Salas que propone en Escribir y borrar José Luis Rozas es muy reveladora de las claves principales de su poesía y está muy cuidada, muy pensada y muy cohesionada. Por ejemplo, se parte del principio, del primer poema de Variaciones en blanco y se cierra con el último poema «Seguir» de Diez mandamientos, como si fuesen marcas de principio y fin de un recorrido real y completo por toda la obra de la autora. O se facilita al lector al que se ofrece la oportunidad de leer un ensayo de Ada Salas —«Lo no reconocible que vive en lo real», publicado en Cuadernos hispanoamericanos en 2009— la lectura del poema al que remite. Son detalles del rigor apreciable en esta antología.
     Fondo de Cultura Económica de España ha publicado una excelente edición enmarcada en una colección de antologías esenciales en la que ya hay otros títulos como En un principio era el hambre, de Chantal Maillard, o Canto un pájaro, de Vicente Gallego. Pero en el caso de Ada Salas se nos antoja la esencialidad como algo más sustancial y notable que se refuerza por la propia naturaleza de la palabra poética de la autora extremeña. De ella es una de las citas que encabezan el prólogo: «No escribo para cantar, sino para indagar: plomada, sonda, rama de zahorí. Notas de campo de esta indagación: el texto» y de ella es la convicción sobre la identificación de los términos de un mandamiento más: «Escribir y leer».