Marlene Ferraz – As falsas memórias de Manoel Luz

ortegaEscaparate de libros, SO8, Suroeste

maRÍA JESÚS fERNÁNDEZ

AS FALSAS MEMÓRIAS DE MANOEL LUZ

Marlene Ferraz

Minotauro, 2017.

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Un recorrido somero por la narrativa portuguesa publicada en los últimos dos años permite comprobar la feliz circunstancia de que, entre las lecturas más recomendadas y mejor acogidas por la crítica, se encuentran varias novelas debidas a escritoras. Tras el éxito de obras como A Gorda de Isabela Figueiredo (Caminho, 2016), vencedora del premio Urbano Tavares Rodrigues de 2017, la novela de Ana Margarida Carvalho Não se pode morar nos olhos de um gato (Teorema, 2016) ha sido merecedora del último premio de la Asociación Portuguesa de Escritores (APE). Esta autora repite así un galardón que ya había alcanzado en 2013 en su estreno como novelista. A esta presencia de escritoras en las letras portuguesas más recientes, se une, en el último trimestre de 2017, Marlene Ferraz (1979) con su obra As falsas memórias de Manoel Luz. Se trata de la segunda novela de esta joven autora, psicóloga de profesión, que ya obtuvo con la primera, A vida Inútil de José Homem (2013), el premio Agustina Bessa-Luís 2012 y cuya producción cuentística, iniciada en 2007, ha merecido diversos premios. Se trata, pues, de una novela que acaba de iniciar su camino al encuentro de lectores, de críticos y, muy probablemente, de reconocimiento público.

Inscrita en el molde biográfico, en As falsas memórias de Manoel Luz acompañamos el recorrido vital del protagonista en su tránsito por dos épocas: la niñez y primera juventud y la edad adulta. Esta experiencia del tiempo es el eje sobre el que se articula el relato en dos partes tituladas, sencillamente, “antes” y “después”. En el tiempo del “antes”, el niño Manoel Luz crece entre dos espacios y dos hombres: la tienda de flores de su padre, José Luz, y la librería “Bem Comum” de Rodolfo Prudente, rico e influyente editor, estrechamente vinculado a la elite dirigente del Estado Novo. Ambos hombres son fuente de afecto y aprendizaje para el niño Luz. El padre florista le ofrece un amor calmado que se inspira en las plantas, aprendiendo de ellas lo que será un ritmo apropiado para la vida. Por su parte, la atención que le dedica Roberto Prudente promueve en el niño la idea de un destino de importancia social e influencia política. Al fondo de la escena aparecen además dos mujeres. Aurora, la madre a la que le falta el instinto amoroso hacia la cría, y Ofélia, la esposa del editor. No es por casualidad que Ofélia, cuyo nombre despierta evidentes evocaciones literarias, sea quien inicie a Manoel Luz en el camino de la poesía animándolo en el descubrimiento de los versos del “hombre multiplicado”, en referencia a Fernando Pessoa. No podemos dejar de subrayar que la poesía es una presencia constante en la novela de Marlene Ferraz: los personajes son lectores de poesía o poetas ellos mismos y sus poemas aparecen reproducidos en algunos capítulos. Fernando Pessoa y sus heterónimos son una referencia constante, con versos que pueblan las conversaciones entre los personajes.

Las lecturas metafóricas se entretejen en el relato de la infancia del protagonista. El niño Manoel Luz aprende el arte de la entomología: captura y conserva mariposas que, con el paso de los años, exhibirá en cuadros en el pasillo de su angosto apartamento de hombre adulto. Cuadros de belleza y muerte, como la propia vida del protagonista que, a pesar de sus aparentes logros, arrastra una existencia anodina, tristemente solitaria. El simbolismo de la mariposa capturada, perforada por la aguja, definitivamente rígida para su exhibición se contrapone a la imagen de las flores. Para José Luz, el “padre floreiro”, existe toda una filosofía que aprender de las plantas: la paciencia en el crecer, la humidad en su secreto florecimiento, la gratuidad de la entrega. El niño crecerá entre flores y libros, pero, una vez adulto, tendrá que inclinar la balanza escogiendo entre uno de los dos universos, entregándose a un modelo de ser y estar en el mundo y dejando que el otro sucumba al olvido.

En el tiempo del “después”, desaparecidos los dos hombres que le convirtieron en el centro de sus afectos, Manoel Luz es un individuo paralizado como sus mariposas, un ser vulnerable atrapado en una existencia sin relaciones humanas profundas, fragilizado por la soledad que buscó apartando de sí a los otros. Sin embargo, los acontecimientos ponen a su puerta a una serie de personajes que le llevan a despertar de su atonía: Elena, una joven (y culta) emigrante moldava a quien da cobijo en su pequeño apartamento; la niña Paipola, hija desconocida, fruto de su única relación amorosa profunda, y Hélio, joven indigente, inventor y escritor empeñado en componer la biografía de Manoel Luz. Aparentemente todos reclaman la ayuda de Luz en sus vidas, sin embargo aparecen para remover la quietud mortecina del día a día del protagonista. Personajes que le llevarán a tener que reformular su presente, a reconocer su vulnerabilidad y aceptar el poder transformador de los afectos. También a encontrarse con su pasado, donde existen secretos que le obligarán a rehacer sus memorias y reubicar su pertenencia.

Como telón de fondo histórico aparecen la dictadura y el tránsito hacia el presente democrático, con parada en el tiempo de la Revolución de abril. Por ello, el relato es también la historia de la transformación de toda una sociedad que trata de superar la parálisis social del Estado Novo y construir un presente en que haya espacio para una nueva “familia social”, abierta e integradora, que, como sucede con el protagonista, permita al país reconstruirse y regenerarse positivamente.

Además del interés de las tramas, la crítica ha destacado en la narrativa de Marlene Ferraz su particular relación creativa con la lengua, aspecto que también llama poderosamente la atención en esta novela. La voz narrativa se caracteriza y particulariza por medio de un registro que tiende a la sustitución de designaciones comunes por otras que rescatan a los referentes de su imagen más usual, iluminando así su existencia con asociaciones novedosas. Buen ejemplo de ello es la fórmula “o pai floreiro”, y no simplemente “florista”, en referencia a José Luz, o las alusiones a la altura como una actitud vital de ambición, atribuida por lo general al editor (“o homen alto”, “o subido editor”) y al Manoel Luz que trata de emularlo “obediente ao princípio da altura”. Al contrario, lo relativo a la pequeñez es habitualmente designado como “resumido” o “abreviado”, tanto en relación a los objetos físicos como a las actitudes humanas de humildad y sencillez (“o tamaño resumido do pai floreiro”). El resultado es un efecto de extrañeza poética: “a mulher interrompida”, “o homem multiplicado”. Durante la lectura, será necesario irse familiarizando con este tipo de recursos que invitan al lector a una actitud activa, convocándole a recrear imágenes poéticas de la realidad. Una vez que se confirma el pacto con la lengua, se inicia una lectura ágil de un relato extenso (350 páginas) que, sin embargo, se desgrana en capítulos, en su mayoría, breves y que avanza desenlazando con pericia los hilos de la trama biográfica.

En conclusión, la historia de Manoel se nos presenta como un relato de renovación individual que, por extensión metonímica, es también una sugerencia de transformación colectiva mediante la acogida del otro. Todo ello a través de una biografía que traza un ascenso engañoso y un salvífico descenso, para culminar con la oportunidad de reconstruirse dejando a un lado un aprendizaje erróneo del ser.