Hilario Barrero

ortegaPoesía, SO9, Suroeste

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HILARIO BARRERO

Primer invierno en Brooklyn

vi

Lo llamas “gap”,
pero fue la respuesta a lo que te deslumbraba
y te cegaba a la vez:
el primer libro de poesía en inglés, la libertad,
una mirada traducida al mismo tiempo
que el primer poema, el enigma del frío,
hablar con Allen Ginsberg, que dijera tu nombre
y lo escribiera, desperdiciar tu sombra por el parque,
balbucear palabras en una escuela pública,
leer The New York Times
y, de noche, a escondidas,
escribir un diario, a veces un poema,
una carta a tu madre para que no perdieras tu pasado.
En el trabajo te hundías en un pozo
con palabras mojadas, amargas muchas veces,
siempre extrañas. Tejer y destejar: tapiz bilingüe.
Y así lo que dejaste te olvidaba,
a más hondura más amarga tu vida,
menos hilos para poder salir del laberinto
y entrar en la maleza a condenarte.
El ángel de la noche pintó en tu frente
una letra escarlata
y señalado bajaste a los infiernos.
Te midieron la sangre, limitaron
la piel y cerraron el puente levadizo,
tuviste que ocultar las cicatrices,
abrir cajones, cerrar ventanas
y borrar de la agenda nombres que fueron vida.
Mejor hubiera sido no caer en la brecha.


v

En el parque hay también un cementerio,
caminos que no van a ningún sitio,
a veces hay cometas que son aves de paso,
un lago, un tiovivo y una pérgola,
viejos al sol, estatuas olvidadas,
bancos que te recuerdan gente que fue feliz
y un lugar escondido donde tiene la muerte su casino.
Para llegar
hay que pasar un puente que no tiene barandas,
torcer hacia la izquierda
que la bestia no clave su aguijón.
La oscuridad, en la espesura, arquea las ramas del deseo,
hay sombras que desnudas
cruzan como animales perseguidos
despertando el silencio.
Al llegar a tu casa
la larva de la noche se enciende por tu piel.
Y al entrar en el lecho las sábanas te muerden
como aquel perro negro, cuando eras un niño, te destrozó la cara.
Es difícil dormir con tanta nieve lamiendo tus heridas.