Biografía

Alejo Godofredo Manso Ortega Muñoz, de nombre artístico, Ortega Muñoz (San Vicente de Alcántara, 17 de febrero de 1899 – Madrid, 2 de octubre de 1982).

Los orígenes

El jovens Ortega Muñoz y su familia

El joven Ortega Muñoz y su familia

Ortega Muñoz nace en 1899 en San Vicente de Alcántara, hijo de una destacada personalidad local, y a los seis años queda huérfano de madre. Obtiene el título de Bachiller en Salamanca, aunque dada su marcada vocación por la pintura, la cual practica de forma autodidacta desde pequeño, rechaza la recomendación paterna de seguir una carrera universitaria y se traslada a Madrid en 1919.

Madrid, 1919

Durante los meses de octubre y noviembre de 1919, Ortega Muñoz envía a su familia postales que reproducen algunos de los cuadros que copia por aquel entonces en el antiguo Museo de Arte Moderno o en el Museo del Prado, para convencer a su padre de la autenticidad de su vocación artística. Continúa siendo autodidacta, y es en esta etapa cuando se inicia en la pintura al aire libre en el entorno de la Dehesa de la Villa, acompañado entre otros jóvenes artistas por el pintor filipino Fernando Amorsolo. Después de permanecer algún tiempo en la capital madrileña decide trasladarse a París.

París

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Postal enviada por el artista desde Paris, al inicio de los años 20

Ortega Muñoz llega a París a finales de 1920. Además del ambiente artístico de la capital francesa, uno de los acontecimientos más importantes de su paso por la ciudad es la amistad que mantiene con Gil Bel, que perdurará hasta la muerte del poeta. A través de Gil Bel, Ortega participará en un proyecto colectivo (al que se incorporaron muchos jóvenes de su época), que promueve el reencuentro con las gentes del pueblo y la fibra más enraizada de la España profunda, y que asumirá un fundamental propósito de insurgencia y de renovación en la plástica española a finales de esa década. Ortega había llegado a la capital francesa llevado por su aspiración a una pintura moderna (cuyas referencias cardinales encontró en Van Gogh, en Gaugin y en Cezánne), pero a causa de la crisis tanto ideológica como formal de la vanguardia que entonces se vivía en el París de la posguerra, se decide a viajar hacia el sur, a Italia, para reencontrar en los maestros del pasado unos valores más auténticos de espiritualidad, sencillez y pureza.

Italia

Ortega llega a Turín en 1921, desde donde viaja a Milán, al Lago de Como, San Remo, Vichy y Juan les Pins —en Francia— y quizás España. En febrero de 1922 pasa una corta temporada en Florencia y después recorre Italia: Nápoles, Pompeya, Roma, Génova y de nuevo Milán. En el Lago Maggiore conoce al pintor inglés Edgard Rowley Smart, con quien pasa un corto periodo de aprendizaje y al que retrata en reconocimiento a la influencia que tuvo en sus inicios. Su trato lleva a Ortega al convencimiento de que, frente a la sinrazón del mundo contemporáneo, hay que volver a la naturaleza y devolver al arte la autenticidad de las verdades espirituales y de las emociones sencillas. Acabada la temporada estival del año 1926, Ortega viaja a Ginebra y a Lyon, desde donde regresa a España.

La Escuela de Vallecas. La primera exposición en Zaragoza

Con Gil Bel, García Condoy, Martín Durbán y otros, Zaragoza, c.1927

Con Gil Bel, García Condoy, Martín Durbán y otros, Zaragoza, c.1927

Éste momentáneo regreso a España resulta de gran importancia en el conjunto de su peripecia, ya que es entonces cuando en compañía de Alberto Sánchez, Benjamín Palencia y Gil Bel, protagoniza una de las excursiones fundacionales de la Escuela de Vallecas. Poco después, en marzo de 1927, realiza una primera exposición de su obra en el Círculo Mercantil de Zaragoza. En estos episodios debió jugar un papel muy importante la relación de amistad que tenía con Bel desde que se conocieron en París. Es su influencia y la de la escuela vallecana, lo que impulsó al pintor a “volver la mirada al campo para recoger el alma de las gentes sencillas y las tierras de España”; así como a pintar algunos de los cuadros de tipos aragoneses que presentó en aquella primera exposición de Zaragoza, tras la que vuelve a marcharse de España, esta vez con destino a Suiza.

Centroeuropa. Worpswede

Desde Hamburgo, julio de 1928

Desde Hamburgo, julio de 1928

En Worpswede, verano de 1928

En Worpswede, verano de 1928

1927 y 1928 son años de peregrinaje. Comienza en Zurich y continúa por Bruselas, Bremen, Hamburgo, Hannover, Frankfurt y Berlín. Lo más interesante de 1928 es su visita a Worpswede, donde se había instalado una colonia de pintores y artistas dentro de la que habían trabajado figuras como Fritz Mackensen, Heinrich Vogueler, Paula Becker y Clara Westhoff. Todos mostraban interés por los paisajes bucólicos y las estampas campesinas como reacción frente a los sofisticados artificios y refinamientos decadentes de la vanguardia. La vida campesina y el ambiente creado en torno a la pintura del expresionismo le influyeron notablemente.

De nuevo en París

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En Paris, con González Bernal y otro amigo, c. 1929

Ortega regresa a Francia a finales de 1928 para dedicarse a conseguir encargos. Con tal fin viaja a Niza, Montecarlo, Vichy, Biarritz y París donde se reúne con su amigo el surrealista González Bernal para viajar hacia los Países Bajos.

Los Países Bajos, Italia y las Regiones Balcánicas

De 1930 a 1933 Ortega sigue pintando, recorre Holanda, y más tarde, viaja a Génova, el Lago Maggiore, Venecia, Viena y Budapest. Es la primera vez que Ortega sale de los recorridos referenciales del arte europeo y lo hace tanto por sus propias inquietudes como por consejo de su amigo y representante, el actor húngaro Heinrich Domahidy, que consigue que varios periódicos de su país reseñen la inesperada visita del pintor español.

En Oriente Medio y Egipto

Por el Nilo, 1933

Por el Nilo, 1933

En 1933, Ortega llega a El Cairo, no sin haber pasado primero por Grecia y Constantinopla. Para entonces sus facultades como retratista le han proporcionado un modo de vida desahogado e importantes contactos. Expone por primera vez en Alejandría y la acogida es tal que vuelve a exponer allí un año después. En esta segunda exposición presenta cuarenta obras a modo de antología de su trayectoria. Ya aparece aquí su amor por la naturaleza, el equilibrio entre color y estado de ánimo, y esa atmósfera de quietud y tristeza características de su pintura. Vuelve a Italia y en marzo de 1935 decide regresar a España.

1935. En el Círculo de Bellas Artes

Desde Extremadura, Ortega dedica el año de 1935 a preparar una exposición para darse a conocer en Madrid. Finalmente ésta tuvo lugar en el Círculo de Bellas Artes y se inauguró el 13 de abril de 1936, fecha importante por ser un año fatídico en la historia de España. A pesar de lo inestable de la situación política, Ortega despliega una gran actividad que le lleva a ser seleccionado tanto para la Bienal de Venecia como para la Exposición Nacional de Bellas Artes. Esta última se celebra con retraso y bajo un clima político caótico. Ortega no espera a la inauguración, sino que decide abandonar de nuevo España antes de que estalle la guerra. Ambas exposiciones resultan ser un gran éxito y la crítica destaca su “deambular cosmopolita” sus “excepcionales facultades” y la posición “equidistante” que mantiene con respecto a la pintura española de su tiempo.

La Guerra Civil, lejos de España

Godofredo Ortega Muñoz, c.1933

Godofredo Ortega Muñoz, c.1933

Tras salir de España, espera en Marsella a que su prometida, Leonor Jorge Ávila, se reúna con él. Se casan en diciembre de 1936 y se instalan en Suiza, sin renunciar a los viajes que en él son habituales: Dinamarca, Noruega, Suecia y Finlandia. En la Galería Blomqvist (Oslo), con la que habían trabajado pintores de la talla de Edward Munch, celebra una importante exposición que muestra los últimos cuadros que había pintado antes de volver definitivamente a España. En estos años gana destreza y madurez en su manera de pintar, aunque no será hasta su vuelta a San Vicente cuando el pintor consiga dar un giro decisivo a su carrera.

El regreso

Durante los años de la inmediata posguerra Ortega Muñoz se instala en San Vicente de Alcántara. Es entonces cuando Ortega se reencuentra por fin con la silenciosa y solitaria extensión de su paisaje y con la cercana realidad de ese mundo que siente como auténticamente propio y que da soporte y concreción a su pintura.

1940. La cuenta atrás de la posguerra

Leonor Jorge y Ortega Muñoz en el campo extremeño, años 40

Leonor Jorge y Ortega Muñoz en el campo extremeño, años 40

Ortega Muñoz y Leonor Jorge Ávila, 1936

Ortega Muñoz y Leonor Jorge Ávila, 1936

En 1940 inaugura su primera exposición tras la guerra, en la que sería su segunda muestra en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Comienza así una carrera profesional que le deparará numerosos triunfos, tanto nacionales como extranjeros. Inicia una intensa actividad expositiva: así, por ejemplo, cabe destacar sus muestras individuales en la Galería Fayans Catalá de Barcelona en 1942 y en la Galería Estilo de Madrid en los años 1948 y 1949, donde expone un conjunto de óleos que representan el mundo rural con la sencillez, las formas simples y las gamas de colores terrosos que tanto van a caracterizar su obra, al tiempo que aparecen las primeras notas de modernidad a través de ciertas influencias del arte italiano, como el primitivismo, la metafísica y el Novecento.

Paisajes en el centro de la periferia

La década de los cincuenta comienza para Ortega en 1951 cuando el escritor Gerardo Diego le descubre gracias a Los Membrillos en la I Bienal Hispanoamericana, celebrada en Madrid, que marcaría su plena recepción en el ambiente artístico español. Tanto es así que al año siguiente decide trasladar su residencia a Madrid hasta su fallecimiento aunque en numerosas ocasiones realiza prolongadas estancias en el campo. En 1953, y curiosamente en la última Exposición Antológica celebrada por la Academia Breve de Crítica de Arte, los “académicos” deciden incluir uno de sus cuadros. Ya para entonces estaba preparando una gran exposición en la sala de la Dirección General de Bellas Artes en el Museo Nacional de Arte Contemporáneo y en las Galerías de arte Syra de Barcelona, que supusieron un clamoroso éxito.

La II Bienal Hispanoamericana

A partir de 1954, su reconocimiento internacional y nacional es innegable. Considerado como uno de los renovadores del panorama artístico español, sus éxitos no hacen sino aumentar un deseo real de representar a la tierra extremeña a través de sus pinturas. Entre esos triunfos, en 1953 había participado en la II Bienal Hispanoamericana de Arte de La Habana, donde recibe el Gran Premio de pintura; en 1954, está presente en la XXVII Bienal Internacional de Arte de Venecia y al año siguiente, en la III Bienal Hispanoamericana de Arte en Barcelona, que le dedica una sala de honor. Asimismo participa en la Exposición Española de Pintura y Escultura Contemporáneas, organizada por el Ministerio de Asuntos Exteriores en los Países Árabes, que viaja durante diez meses por diversas capitales de Próximo y Medio Oriente: Beirut, Damasco, Bagdad…

La Rábida, el Ateneo de Madrid y el Museo de Bilbao

En mayo de 1956 presenta una muestra antológica en la sede de la Escuela de Estudios Hispanoamericanos organizada por el Club la Rábida de Sevilla, y a finales de año la Sala Santa Catalina del Ateneo madrileño expone treinta y tres cuadros fechados entre 1926 y 1956 que resumen su producción artística. La opinión crítica de la muestra fue muy variada, desde adjetivos que le califican como defensor de unos ideales de simplificación, depuración y purificación, hasta las opiniones de importantes críticos de arte como Camón Aznar, quien ensalzaba aquellos elementos que determinaban el silencio en sus obras; Gaya Nuño, quien se centraba en el dramatismo y en el encuadre generacional que ocupaba el artista o bien Luis Trabazo, quien consideraba su obra dentro del concepto de lo moderno. A finales de año, en diciembre, exponía en el Museo de Bellas Artes del Parque de Bilbao donde, aunque con una crítica menor que la anterior, su pintura fue definida ya como “auténticamente suya”, anunciando un estilo propio e independiente.

En la Bienal de Venecia

Con S.A.R. D. Juan Carlos de Borbón, Príncipe de Asturias y Florentino Pérez Embid, Madrid, 1970

Con S.A.R. D. Juan Carlos de Borbón, Príncipe de Asturias y Florentino Pérez Embid, Madrid, 1970

Con Rafael Zabaleta y Juan Manuel Díez Caneja

Con Rafael Zabaleta y Juan Manuel Díez Caneja

En el mes de abril de 1957 se realiza la primera muestra antológica en la ciudad de Badajoz, en concreto en las Salas de la Delegación de Cultura de Diputación Provincial; a los diez días de su clausura el Salón de Actos del Ayuntamiento de Cáceres dedica una muestra individual al artista, en cuyo catálogo se reivindica una pintura de origen extremeño, pintura directa y sencilla. Continúa su carrera imparable en el exterior y, por ejemplo, participa en la II Bienal de Arte de los Países Ribereños del Mediterráneo, iniciada en Alejandría, y al año siguiente, en la XXIX Bienal Internacional de Arte de Venecia, donde se le reserva una sala de honor. La década de los cincuenta finaliza con su muestra individual en las Salas de la Dirección General de Bellas Artes y su participación en la colectiva de la Exposición Inaugural del Museo Español de Arte Contemporáneo, en Madrid.

Nueva York, años 60

Ortega Muñoz en Nueva York

Ortega Muñoz en Nueva York

Los primeros años sesenta se van a caracterizar por una frenética actividad expositiva. Así por ejemplo, en 1960 participa en la colectiva realizada en el Guggenheim Internacional Award de Nueva York; en 1962, en 20 años de pintura española en el Ateneo de Madrid; en 1964 en la colectiva 25 años de arte español celebrada en el Palacio de Cristal del Retiro e inaugura su segunda exposición en la Sala Santa Catalina del Ateneo; en 1967 la Galería Biosca de Madrid presenta sus últimos trabajos. Camón Aznar escribe sobre el momento de plenitud del artista, que califica de “suprema síntesis: todo aquilatado, serenizado, reducido a esquema de alma”. Para finalizar, en 1968 se le dedicó una sala monográfica de honor en la última Exposición Nacional de Bellas Artes.

En el Casón del Buen Retiro

1970 es el año en que su carrera artística se ve plenamente consagrada con su exposición retrospectiva en el Casón del Buen Retiro de Madrid a la que siguen las monográficas que presenta en las Salas Góticas de la Biblioteca de Cataluña en Barcelona, en el Pabellón Mudéjar, en Sevilla, y en las Salas de la Delegación de Cultura de la Diputación de Badajoz. En el exterior participa en la muestra colectiva Masterpieces of Fifty Centuries, que organiza el Metropolitan Museum de Nueva York, en donde vuelve a exponer a finales de año en la Galería Hastings del Spanish Institute. Para entonces, críticos de varias generaciones se han pronunciado en los términos más elogiosos sobre su pintura: Camón Aznar, Llosent y Marañón, Luis Felipe Vivanco, Gaya Nuño, José Mª Moreno Galván, Manuel Sánchez Amargo, Alonso Zamora Vicente, Santos Torroella, Baltasar Porcel, Corredor-Matheos. Sin perder su relación con los referentes figurativos, su obra alcanza una extrema conceptualización de orden abstracto. Se le considera un renovador del paisaje español y uno de los pintores más relevantes del arte español contemporáneo.

Últimas exposiciones

Ortega Muñoz fotografiado por Antonio F. Navas, abril 1964

Ortega Muñoz fotografiado por Antonio F. Navas, abril 1964

Tras ser incluida su obra en numerosas muestras colectivas -Maestros contemporáneos del paisaje español en la Galería Sur de Santander; Arte’73 Fundación March; Sevilla, Museo de Arte Contemporáneo; El árbol a través de un siglo de pintura español, 1874-1974, Banco de Granada; Homenaje a D’Ors, Galería Biosca, Madrid- en 1977 y tras siete años sin exponer en la capital, Ortega Muñoz reaparece, ahora en la Galería Felipe Santullano, con un arte elegante, discreto y mesurado. No en vano, José María Moreno Galván dedicó un importante artículo a la muestra, que resumía toda su producción, titulado “Ortega Muñoz, el signo del paisaje en España”. Entre las últimas grandes exposiciones internacionales en las que participa destacan las celebradas en la Ciudad de México en 1978, en el Museo de Arte Moderno de Madrid, ese mismo año, y en la colectiva Paisajistas españoles del siglo XX, celebrada en Bogotá. Sus últimas muestras individuales en España tuvieron lugar en Badajoz y Barcelona en 1981. Un año más tarde, falleció en Madrid.

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