LAS RAZONES GEOLÓGICAS DEL PAISAJE ESPAÑOL

(Una conferencia interesante)

La Esfera. Num.807-Año XVI.

Eduardo Hernández-Pacheco

Eduardo Hernández-Pacheco

Madrid, 22 de junio de 1929

 

El Congreso de las Ciencias constituye una nota culminante del periodo inaugural de la Exposición de Barcelona: los hombres de ciencia españoles han comprendido, como es natural, que su labor, siempre trascendental, había de ser más trascendente aún en ocasión tan solemne, y la labor que constituirá el trabajo de las diversas secciones tendrá esta vez mayor importancia aún que en reuniones anteriores de la Asociación Española para el progreso de las Ciencias.

Los conferenciantes que han de actuar, como representación genuina de las diversas secciones, han sido más cuidadosamente elegidos que nunca, y en esa selección ha sido acto de justicia designar como representante de los cultivadores de las ciencias naturales, al eminente catedrático de Geología de la Universidad Central y Jefe de Sección del Museo de Historia Natural, don Eduardo Hernández Pacheco.

Hernández Pacheco es geólogo de reputación universal; su labor científica, muy copiosa y selecta, es conocida y comentada por todos los geólogos eminentes, y su nombre significará un enorme atractivo para la conferencia.

Hernández Pacheco tiene, además, un temperamento de artista, y lleva algunos años estudiando las relaciones íntimas que entre las bellezas naturales del paisaje y las condiciones del lugar en que se dé existen, y que nadie percibió antes que él, ni, menos aún, con tanta intensidad.

Ese tema constante de meditación, al que deberemos prontamente un libro, es también el asunto de la conferencia que en Barcelona dará Hernández Pacheco, y esto duplica el interés que, sin tanto, sería ya muy grande de su labor.

El eminente geólogo piensa, y tiene suficiente documentación para ello, que la gran variedad del paisaje español no es sino expresión de la enorme diversidad fisiográfica que dentro de su perfecta unidad geográfica ofrece nuestra Península.

Cuatro influencias esenciales determinan especialmente esa diversidad: la europea, la africana, la mediterránea y la atlántica.

Junto a ellas actúan el relieve (metas y purillanuras, llanuras exteriores, montañas centrales y periféricas) la litología (el viejo macizo granítico y paleozoico del Oeste; las areniscas y calizas mesozoicas de las montañas pirenaicas, ibéricolevantinas y béticas; las arcillas y margas nezoicas de la llanura castellana, aragonesa y tartesia) y el clima y la vegetación (zonas de clima húmedo europeo mediterráneo y continental).

Factores esenciales del paisaje son la vegetación y el roquedo, y su acción es matizada por los factores complementarios: el agua, el cielo y el hombre. La base, sin embargo, es siempre litológica.

Atendiendo a ella, cabe distinguir, y distingue Hernández Pacheco, los paisajes asentados sobre rocas plutónicas y los que tienen su asiento en las neptúnicas.

Al primer grupo corresponden los paisajes graníticos (sobre rocas graníticas) y los volcánicos (sobre ofitas, pórfidos y basálticos).

Los paisajes sobre rocas neptúnicas corresponden a los tres tipos de esas rocas arenáceas, arcillosas y calizas que, a su vez, dan subtipos: las areniscas eocenas del Estrecho; las formas fantásticas del rodeno; los ásperos paisajes de la cuarcita de Despeñaperros y de las Batuecas.

Los paisajes calizos dan, mediante otras influencias secundarias, la ciudad encantada de Cuenca y el Torcal de Antequera: las hoces y los congostos de los ríos pirenaicos.

Aún habría que estudiar las muelas y mesas calizas de las montañas levantinas, los abrigos rocosos (con pinturas rupestres) y los paisajes subterráneos…

La contemplación y la admiración estética de la naturaleza, influenciada por un espíritu depuradamente científico, llevó a Hernández Pacheco a buscar esas relaciones de tan alto interés.

Hace tiempo que es tópico manido hablar del “alma del paisaje”. Hernández Pacheco es el psicólogo de ese alma, el que dando un nuevo valor a la frase, nos dice el sentido de ese alma descubriéndonos su por qué.

La conferencia de Hernández Pacheco, como todas las suyas, y señaladamente las que se refieren al mismo tema, está ampliamente documentada con fotografías obtenidas por el mismo profesor y su hijo, también geólogo muy distinguido, en las que, aun no habiendo sido la preocupación estética sino la científica, el móvil del artista, resalta la belleza hábilmente lograda de los variados paisajes españoles.

Es un motivo más de interés que con que esas conferencias son oídas y del magnífico éxito que logran.

Por fortuna, el tipo de hombre de ciencia seco y desabrido, que no ve la belleza ni siente el arte, si existió, no existe ya.