EL PAISAJE ARTÍSTICO DEL GEÓLOGO HERNÁNDEZ-PACHECO LLEGA AL MEIAC

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HOY | JUEVES, 29 DE OCTUBRE DE 2015

Las fotografías que tomó a principios del siglo XX retratan el componente estético de los elementos naturales

 

‘Elementos del paisaje. Fotografías 1907-1950’. Eduardo Hernández-Pacheco

Organiza: Fundación Ortega Muñoz
MEIAC. C/ Museo, s/n. Badajoz

Hasta el 14 de enero.

Antonio Gilgado

Cuando el geógrafo Eduardo Hernández-Pacheco (1872-1965) salía a sus largas caminatas por el campo para retratar el paisaje y llevarse muestra para sus estudios no retrataba con la frialdad de un investigador, buscaba una composición estética, una toma en la que un árbol en diagonal rompía el encuadre. A esa dimensión artística del profesor dedica el Meiac una exposición de medio centenar de fotografías de entre 1907 y 1950. Patrocinada por la Fundación Ortega Muñoz, se inauguró ayer y se podrá visitar hasta mediados de enero.

En el repaso a algunas de sus obras, queda patente que no se limitaba a almacenar documentos científicos. Al tratarse de un hombre culto, conocedor de la pintura de su época y activo participante en ámbitos intelectuales como la Institución Libre de la Enseñanza, su trabajo fotográfico era también una manifestación artística.

Eduardo Hernández-Pacheco se considera una referencia académica cono geógrafo, geólogo y paleontólogo. Profesor práctico, que salía al campo y mostraba los paisajes en clase. De hecho, una parte de la exposición recoge la reproducción de las diapositivas en cristal coloreadas a mano que proyectaba a los alumnos. Parte de ese material viene de la Universidad Complutense.

Pero las tomas de Hernández-Pacheco guardan además un concepto estético moderno. Es una mirada sobria sobre el paisaje. Nada que ver con la concepción bucólica o romántica recargada, son estampas desnudas. Cristina Zelich, historiadora de la fotografía y comisaria de esta muestra, destaca precisamente esa perspectiva renovada que afronta Hernández-Pacheco a principios del siglo pasado.

 

Defensa

Fue pionero también, destaca Zelich, en la defensa de los monumentos naturales, algo ya común en su época en algunos países europeos, pero todavía poco frecuente en la España en los años treinta. Sus fotografías ponen de relieve el valor estético de estos paisajes naturales.

El hilo narrativo de la exposición sigue los elementos que lo componen. Las rocas y la vegetación, el estado del cielo y el agua o los animales y las figuras humanas, tratadas siempre desde un punto de vista etnográfico. Cristina Zelich incluso encuentra puntos en común con la pintura de Ortega Muñoz. Los encuadres y los paisajes despojados, casi desnudos, destacan en uno y en otro.

Las fotos rescatadas van desde 1917 hasta 1950, pero la mayoría son anteriores a los años 30 porque guardan mejor la memoria del paisaje, según explica Zelich.

La fotografía de paisaje crece en España a partir de los años cincuenta, por eso tienen tanto valor las recogidas en los años treinta por el científico, los paisajes que se muestran ya no existen, se han transformado por completo. En esta recopilación destaca también la labor de su hijo Francisco, ayudante desde muy joven y un discípulo tan aventajado que cuesta diferenciar sus fotos de las de su padre.