Krasznahorkai—al norte la montaña, al sur el lago…

László Krasznahorkai
Conversación con Antonio Sáez
Abril, 2009

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Sobre Al norte la montaña, al sur el lago, al oeste el camino, al este el río.

La cultura oriental cumple un papel muy importante en su libro. La cultura, quizá, más que el concepto de espacio.¿Cuál es su experiencia con esta cultura?

Encontré en el Japón una cultura clasificada y en su estado ideal, aunque cierto es que dicha cultura ya está muerta. Yo, en cambio, no puedo sentir esta muerte. La belleza anula la cuestión de si ella misma existe en un espacio vivo o muerto. Aquí hay una cultura de museo solo en su sentido más amplio, mientras en el Japón se topa con ella constantemente. Y esta confrontación te hace sufrir.

¿Cuál es la importancia de la estética en ese contexto?

En mi mundo no hay ni una cultura tan compacta, ni una estructura cultural compacta. Lo más importante es que exista un ser estético que incluya lo sagrado, lo cual equivale a que cada punto del área humana tocada por esa cultura es también sagrado.

La lectura del libro me produce, a trechos, la sensación final de silencio, de llegar a un lugar insondable para el lector, donde las palabras corren el riesgo de estar de más. ¿En qué se parece, desde esta perspectiva, para usted la idea de “paraíso” a este “silencio”? ¿Guardan alguna relación?

En el paraíso, co-existen el silencio y el sonido. Puede que el silencio que experimentaste fuese tu propio silencio en el que puedes pensar, o mejor dicho, dedicarte a pensar o sentir una sensación  poco usual. Dicho de otra forma, este silencio te proporciona una oportunidad de dedicarte a algo que se te acerca.

Es difícil, para un lector hispánico, no leer esta novela y recordar a Borges, aunque de forma matizada, sin todo el trasfondo “libresco” de este autor, que no aparece con esa intensidad en la novela. ¿Ha sido una referencia consciente para el libro?

O bien no hay libro escrito desde Borges que no lleve, en mayor o menor grado, el espíritu del mismo, o bien no valía la pena escribirlo.

Otro de los temas que subyace como un telón de fondo en el libro es el concepto de “tradición”, las posibles diferencias entre esa idea en oriente y occidente. ¿Podría ampliarnos esta idea?

Europa se articuló en contra de la tradición pero la cultura del lejano oriente, y especialmente la del Japón, se expresó siguiendo la tradición. Dicho esto, hemos de distinguir el doble uso de esta palabra: en Europa la tradición es como una fuerza, la de la gravedad, que resista movimientos nuevos, mientras en el Japón la tradición es la práctica duradera de la conservación de una belleza infinita.

Melancolía de la resistencia tiene algo de Kafka y de Beckett. ¿Cuál es la función del diagnóstico del “poder” que desarrolla en la novela?
¿Y el papel de la ironía?

En este libro, el poder no contiene elementos relacionados con el significado trascendental del poder, más bien es un indicador exclusivo de la voluntad limitada del ser humano que lo utiliza para dominar su entorno. La ironía es la condición natural del espíritu que se rebela en contra de la agresión estúpida de una dictadura de cualquier tipo.

Después de su visita a Extremadura, ¿cómo encaja su visión de este territorio en la “cosmovisión” de su obra?
¿Qué aspectos sociales o culturales han llamado más su atención?

Sobre todo, la integridad histórica de Extremadura tuvo un gran impacto en mí. Observé la reducción de la adversidad histórica y, al mismo tiempo me alegré de la misma, me encontré en un dilema, es decir: ¿cómo va a conservar la población actual su dignidad?

Usted nos comentó que venía a Extremadura con el propósito de construir (o reconstruir) una idea surgida a partir de una búsqueda en Internet, en la que encuentra un texto sobre la exterminación del último lobo en Extremadura. Un asunto que une una perspectiva contemporánea y, podríamos decir, de eco-literatura, con el telón de fondo de la resistencia del mundo rural extremeño.
¿Podría hablarnos del significado simbólico de esta idea y del texto?

No buscaba unos símbolos baratos sino una forma histórica por medio de la cual expresar mi consternación sobre lo que experimentaba durante mi corta estancia aquí. Debido a que, a donde iba, sentía la consternación, sabía dónde me encontraba. Sabía lo que había sido Extremadura. Me impresionó el aire seco y abrasador que hace la vida casi imposible. Me impresionó la actitud humana histórica, la cual fue la respuesta de los habitantes en el sentido de que la vida carecía prácticamente de actualidad. Finalmente, me impresionó el recuerdo de la adversidad, el cual dejará para siempre su huella en Extremadura.

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